AMLO: Claro que no somos iguales

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La iniciativa 3de3 nació de una convicción ética del servicio público y en eso radica su fuerza. No se trata de un simple trámite más que hay que cumplir en el marco de una campaña electoral.

Alguien tenía que haberle explicado a Andrés Manuel López Obrador cuál es el verdadero sentido y propósito de la llamada iniciativa 3de3, que consiste en transparentar de manera voluntaria y a través de una plataforma auspiciada por el Instituto Mexicano para la Competitividad y Transparencia Mexicana el patrimonio, intereses y pago de impuestos de funcionarios públicos, candidatos y personas de interés público como los presidentes de partidos políticos, quienes no sólo administran recursos públicos otorgados a sus organizaciones, sino que dada la influencia que tienen sobre bancadas locales y federales, ayuntamientos y gobernadores resultan necesarias medidas de transparencia y rendición de cuentas que ayuden a evitar abusos y corrupción.

La definición de la iniciativa 3de3  descrita en su sitio electrónico es: “Iniciativa que busca reconstruir la confianza ciudadana a través del compromiso y transformación de la clase política en nuestro país: funcionarios y políticos que antepongan los intereses de México a los suyos”. En efecto, se trata de decirle a la gente: “éste soy yo, esto es lo que tengo y lo obtuve de esta manera”. ¿Para qué? Si lo que se declara es coherente con las fuentes de ingreso, la gente al menos sabrá que el declarante no es un bandido descarado. Más aún, el mensaje es: “no tengo nada que esconder”.

La iniciativa 3de3 nació de una convicción ética del servicio público y en eso radica su fuerza. No se trata de un simple trámite más que hay que cumplir en el marco de una campaña electoral o, peor aún, de comprometerse a presentarla para salir del paso ante la presión de un periodista en una entrevista. ¿Por qué tuvo que esperar López Obrador a ser apurado por Ciro Gómez Leyva para hacer público su patrimonio a diferencia de otros presidentes de partidos?

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Cuando no se está convencido, vemos pifias como las de Javier Duarte y López Obrador cuyas 3de3 no revelan lo que deberían ser, como mencioné anteriormente, si los ingresos a lo largo de una vida en el ámbito público son coherentes con el patrimonio. Éste incluye, por cierto, el dinero que dice recibir por regalías de libros y conferencias aunque lo guarde debajo del colchón, ya que no está en la única cuenta bancaria que dice tener.

Para cumplir dicho propósito Andrés Manuel debió haber declarado los bienes que afirma haber donado. Ése es el fondo y eso es lo que López Obrador, tramposamente, elude.

No está mal dedicar la vida al servicio público y, como por cualquier trabajo, recibir una remuneración justa. Tampoco es un pecado abrazar una causa política, como lo ha hecho Andrés Manuel, y vivir de nuestros impuestos a través de sueldos pagados por el gobierno de la Ciudad de México, el PRD, el PT, Honestidad Valiente y ahora Morena. Lo que está mal es condenar a quienes honestamente se asumen como funcionarios públicos y declaran lo que tienen, haciéndolos parecer corruptos por tener bienes, ganar más de 50 mil pesos o tener una tarjeta de crédito. Una vez más vemos de fondo el discurso maniqueo que busca dividir a los mexicanos en buenos y malos, inmaculados y corruptos, él y el resto.

Pero en algo tiene razón Andrés Manuel cuando dice que no todos estamos en el mismo costal. Mientras nace una nueva generación de políticos y funcionarios públicos, los que convencidos impulsamos la iniciativa 3de3 y el Sistema Nacional Anticorrupción que, por cierto, ha sido constantemente descalificado por los senadores cercanos a López Obrador, éste sigue dándole la vuelta a la verdadera transparencia. En efecto, no somos iguales.


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