Lo que no aprendimos de los griegos

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La cultura que actualmente tenemos en buena parte del mundo es al menos en parte heredera de la cultura griega. El triunfo griego sobre los persas en batalla de Marathon (490 a.C.) nos hizo sus herederos, una cultura que no sólo logró articular un humanismo profundo, sino encontrar expresiones que han llegado a nuestros días con gran claridad. Usaron uno de los primeros alfabetos de la humanidad, tanto para una literatura extensa (tanto en poesía como en prosa y en el teatro) como en una madura filosofía que hasta la fecha es motivo de muy serios estudios.

Esa cultura no se limitó sólo a relatos y mitología, también destacó en arquitectura, astronomía, educación, escultura, estrategia, el arte de gobernar, medicina e incluso la historia. Si bien hay relatos de sucesos más antiguos a los redactados por Tucídides, fue su relato de las guerras del Peloponeso a las que les dio el nombre de Historia, lo que dio origen al nombre de esa ciencia.

La arquitectura no sólo es griega por el nombre, sino también porque las proporciones, los estilos y los métodos de diseño fueron usados en la antigua Grecia. Lo mismo puede decirse de la escultura, que si bien se desarrolló en otras regiones del planeta, en ninguna alcanzó la perfección de Praxiteles y Fidias. La arquitectura y la escultura clásicas, a pesar de los años, siguen siendo fuente de inspiración y de admiración.

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Casi todas las formas de gobernar existieron en las ciudades de la antigua Grecia: tanto la tiranía como la democracia, y el anarquismo tuvieron allá sus raíces. No sólo académicamente, sino en la práctica, pues la vivieron en distintas ciudades en distintos momentos. También la medicina moderna es heredera de la que desarrollara Hipócrates en la isla de Kos. Sus principios y muchos de sus métodos siguen teniendo vigencia hoy en día, si bien ha habido notables avances. Su frase "somos lo que ingerimos" cada día prueba su valer a pesar de que con frecuencia olvidamos que muchos de nuestros males son consecuencia de lo que comemos y bebemos. El pensamiento humanista de los médicos sigue basado en el juramento hipocrático plasmado hace más de 24 siglos.

Pero es quizá en la filosofía donde la herencia griega está más presente. Los escritos de Aristóteles y Platón siguen siendo referencia de estudiosos y literatos, y sus pensamientos influyen en filósofos, en políticos y analistas, en gobernantes y en sus críticos, en escritores y poetas. Sócrates, que no nos dejó obra escrita, sigue influenciando a muchos.

Es en el campo filosófico donde la cultura occidental, y en especial la mexicana, parece que no ha seguido todas las enseñanzas de la antigua Grecia. Pasamos por alto la lógica y la estética, pero sobre todo la ética, el actuar conforme a los valores superiores. La deficiencia de ésta última es problema de educación y formación. Por eso hay quien ejecuta actos reprobables, que la sociedad debe ponerles límites, o acabarán con ella. Por eso han proliferado secuestros, homicidios y desaparecidos.

Hace meses por fortuna me reencontré con un griego excepcional, cónsul honorario de México en Tesalónica (norte de Grecia), al que entre los temas de conversación le pregunté sobre la crisis griega, y sus efectos en el crecimiento de la criminalidad. Comentó la crisis ha afectado más a jubilados y jóvenes; a los primeros porque sus pensiones las redujo el gobierno por decreto y a los segundos porque no encontraban trabajo. La tasa de desempleo general es del 26%, y entre los jóvenes supera el 50%.

Sin embargo se mostró extrañado de la pregunta sobre la criminalidad. Dijo que si bien han existido toda clase de crímenes en Grecia, la crisis no había sido motivo para que creciera. Que los jóvenes encuentran apoyo en la familia y en los amigos, pero para comentar los problemas y hablar sobre sus dificultades, nunca para planear delitos. A pesar de su situación, la ética previene al país de crímenes y violencia.

Evidentemente la enseñanza de la ética juega un papel fundamental en la vida diaria, y aún más practicarla. Como sociedad tenemos que volver a la enseñanza de la ética y a su práctica. Quizá sea tarde para salvar a muchos de las garras del crimen, pero si no volvemos la vista a la ética, México no podrá ser rescatado de la violencia.


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