Otro obús a la credibilidad gubernamental

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Indignante sobre todo al insinuar que una de las posibles causas de la fuga fueron los derechos humanos.

En estos días se antoja difícil hablar de otra cosa que no sea la fuga de El Chapo Guzmán que sigue acaparando la atención de la opinión pública, y no es para menos ya que su impacto es brutal por muchas razones.

No sólo se trata de uno de los capos más importantes del narcotráfico -y de los hombres más ricos según Forbes- a nivel mundial, sino que su recaptura después de 13 años de permanecer prófugo se convirtió en uno de los éxitos más sonados del gobierno de Peña Nieto que ahora se le revierte, pues además del ridículo, evidencia el fracaso de su estrategia de seguridad por más que nos quieran convencer de lo contrario a puro golpe de propaganda.

Una y otra vez se nos recuerda aquella entrevista con León Krauze en la que en plena euforia por la detención de El Chapo (febrero de 2014), el presidente afirmó que una nueva fuga sería imperdonable con lo que todos debemos coincidir, pero adicionalmente la forma en que reaccionaron es indignante sobre todo al insinuar que una de las posibles causas de la fuga fueron los derechos humanos.

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De igual forma resulta inaceptable que en las inmediaciones de un penal de máxima seguridad, se haya realizado una obra de tal magnitud sin que nadie se diera cuenta (aunque pensándolo bien ni siquiera fueron capaces de monitorear las redes sociales de los hijos del capo). Tampoco se explica fácilmente que tras año y medio de reclusión en una de las cárceles supuestamente mejor vigiladas y con severas restricciones, Joaquín Guzmán Loera pudiera conservar el poder económico y la capacidad de operación suficientes para planear y ejecutar la fuga.

Los resultados de la encuesta de Mitofsky son muy elocuentes, pues 9 de cada 10 entrevistados opinan que la fuga se dio por corrupción de autoridades e incluso el mismo Secretario de Gobernación tuvo que reconocer la probable complicidad de personal y funcionarios del Centro Federal de Readaptación Social, pero es indispensable que conozcamos hasta qué nivel llegó y quiénes son también responsables por negligencia.

Otra pregunta que flota en el aire es ¿quién se quedó al frente de la política interior y de la seguridad del país cuando los titulares de las principales dependencias (Gobernación, Defensa, Marina) acompañaron al presidente en su gira a París? Es cierto que no hay disposición legal que lo prohíba, pero particularmente en tiempos tan convulsos lo menos que se podía esperar era un mínimo de previsión.

Aún son muchas las interrogantes acerca de lo sucedido el pasado sábado 11 de julio -la mayoría de ellas provocadas por las contradicciones en que han incurrido las propias autoridades- pero ante el descuido, la incapacidad y la corrupción mostradas, que se suman a algunos otros casos igualmente lamentables, nuevamente la imagen de México y la credibilidad gubernamental se han visto seriamente deterioradas.

Y quizá todavía más grave es que por los comentarios y memes que con gran hilaridad e ingenio se han venido publicando en las redes sociales pareciera que, en el fondo, cuando menos una parte de la sociedad celebró la fuga enalteciendo la figura de un delincuente como El Chapo Guzmán y burlándose del gobierno como pocas veces se ha visto y de lo que difícilmente se podrá recuperar.


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