Presidente popular, gobierno reprobado

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La popularidad no siempre es consecuencia de un buen gobierno.

A poco más de tres años de gobierno y a pesar de los severos efectos de la pandemia, así como de los complejos problemas por los que atraviesa nuestro país, el presidente López Obrador ha logrado mantener altos niveles de aceptación como lo muestran prácticamente todas las encuestas que se publican periódicamente. No cabe duda que se trata de un presidente popular, lo que cuesta trabajo entender ante la notoria falta de resultados de su gestión en temas tan sensibles como la seguridad, la economía o la salud además de que, a estas alturas, ya no se sostiene la tan socorrida estrategia de echarle la culpa de todo al pasado.

Sin embargo, parece que le sigue funcionando, e incluso con mucha frecuencia recurre también a la victimización ante los “ataques de las oscuras fuerzas conservadoras”, siendo que ningún presidente había concentrado tanto poder en las últimas décadas como López Obrador, quien, por ejemplo, tiene el control total de la mayoría en el Congreso y un nivel de incidencia importante en la actuación de la Fiscalía General de la República o en las decisiones de la Suprema Corte de Justicia. Probablemente este clima de polarización que constantemente promueve, su gran capacidad para colonizar la conversación pública y conectar con un amplio sector de las personas menos favorecidas que se identifican con él, y desde luego los apoyos económicos de los programas sociales, en buena medida puedan explicar el respaldo con el que cuenta.

De acuerdo con la encuesta más reciente de El Financiero, al finalizar el mes de enero se registró una aprobación de 60% -que representa una caída de 7% respecto al mes anterior, pero sigue siendo alta-, lo que en términos generales coincide con la de México Elige (58.3% que también cae alrededor de 7 puntos) o la de Consulta Mitofsky que para el 9 de febrero arrojaba 62.3%. En lo que se refiere a la revocación de mandato, resulta interesante que el 55% de las personas entrevistadas quieren que López Obrador continúe en el cargo, pero subiría a 72% entre quienes piensan participar en el proceso revocatorio el próximo 10 de abril.

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No obstante, estos datos difieren notablemente de la evaluación sobre el desempeño gubernamental, y es posible que el apoyo al presidente tampoco se vea necesariamente reflejado en las elecciones de este año cuyos números al parecer se han ido cerrando. Tan sólo el 33% considera que el país va por buen camino disminuyendo 16 puntos respecto a diciembre (49%), mientras que el 36% respondió que vamos mal. En cuanto al manejo de la economía, el 45% lo califica en forma negativa al igual que la corrupción, y el rubro peor evaluado es el de seguridad con 58%, lo que no es de sorprender si revisamos los principales indicadores a partir de fuentes oficiales -aún y cuando muchas veces tratan de matizar la información-, y sobre todo lo que la gente enfrenta en su vida diaria.

Por ejemplo, la inflación registrada al inicio de este año es del 7% y estamos padeciendo la cuesta de enero más complicada en 20 años, lo que naturalmente se resiente en el bolsillo de la gente y no hay discurso que pueda convencer de lo contrario. En el tema de seguridad basta con ver las cifras de homicidios dolosos, las ejecuciones en lugares públicos a plena luz del día, la violencia contra las mujeres, los atentados contra periodistas y defensores de derechos humanos, o los asaltos a mano armada en el transporte público. Por otro lado, cada vez es menos creíble la prédica anticorrupción ante los escándalos en el círculo más cercano al presidente, o que involucran a prominentes miembros del grupo en el poder que se van acumulando al paso del tiempo. Es claro que la popularidad no siempre es consecuencia de un buen gobierno y, en este caso, sale reprobado.


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