Candidatos independientes

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Postularse para un cargo implica una seria reflexión ética y política: ¿soy el indicado?, ¿encajo en el perfil del cargo?

La política es tanto obra de pensamiento, obra de voluntad.
José Ortega y Gasset

Diógenes de Sinope vivió en el siglo IV a. C. Sus contemporáneos, por su peculiar forma de vida y de pensamiento, lo tachaban de ser un “Sócrates enloquecido”. Se dice que a plena luz del día buscaba con una lámpara “un hombre honesto”. Ese es nuestro reto hacia 2018. Desde luego, la honestidad por sí sola no es suficiente, pero sin ella lo demás es inútil.

Suscribo con entusiasmo la iniciativa del PAN en el Senado para las candidaturas independientes. Gómez Morin nunca vio al partido como un fin en sí mismo, sino como instrumento al servicio de la ciudadanía. La regla de oro de los partidos debe ser la siguiente: “Los partidos políticos deben postular a los mejores hombres, aun no estando en sus filas, pero en los cargos hay que vigilarlos como si fueran los peores”.

 

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Anoto algunos riesgos que pueden distorsionar una noble idea. Para ello acudo a las actitudes de cinco impulsores que nos dan luces sobre el tema.

 

Diego Fernández de Cevallos fue uno de los más prometedores líderes formado en las filas del PAN. En 1997 y en 2000 el partido le pidió, le rogó, le suplicó postularse para el Gobierno del Distrito Federal. Las encuestas lo favorecían sobradamente. Su negativa contundente propició el desastre en el gobierno de la Ciudad de México. Ahora es promotor de candidaturas independientes, buscando que alguien asuma responsabilidades que él en su tiempo rechazó. Sorpresas te da la vida.

 

Felipe Calderón Hinojosa es uno de los militantes más beneficiados en la historia del PAN, a quien hizo desde líder juvenil hasta Presidente de la República. Desde ese encargo impuso candidatos y dirigentes, palomeó listas de funcionarios partidistas e hizo declinar en forma grotesca y grosera a aspirantes con tal de imponer a los suyos. Ahora, declara sin rubor que si se le hace trampa (¿¡!?) a su esposa Margarita, ésta será candidata independiente. Sorpresas te da la vida.

 

Jorge Castañeda es un hombre de gran talento y precursor admirable de nuestra vida democrática. No tengo ninguna duda de que sabría qué hacer desde la Presidencia, pero me surgen serios cuestionamientos de que conozca el cómo. Como bien decía don Adolfo Ruiz Cortines, “¿Inteligente para qué?”.

 

Tengo información de que a Juan Ramón de la Fuente distintos partidos le han ofrecido postularlo a cargos de elección popular. Invariablemente, después de solicitar tiempo para reflexionar, su respuesta ha sido negativa. Prevalece cuidar la imagen en lugar de correr riesgos.

 

Héctor Aguilar Camín tuvo la integridad y una admirable honradez para rechazar la posibilidad de ser candidato a gobernador de Quintana Roo postulado por el PRI. Seguramente hubiera desempeñado un buen papel en el cargo.

 

Max Weber tenía razón, el que quiera conservar su conciencia limpia que no se meta a la política. Pero también Edmund Burke atina cuando afirma que los malos ganan cuando los buenos deciden no hacer nada.

 

Postularse para un cargo implica una seria reflexión ética y política: ¿soy el indicado?, ¿encajo en el perfil del cargo?, ¿podré con las responsabilidades consecuentes? En la democracia, desgraciadamente, levantan el dedo quienes sin méritos aspiran mientras otros, con todas las cualidades, prefieren marginarse.

 

Sí, efectivamente, 2018 será un año crucial. Definir quién debe tomar las riendas en condiciones sumamente adversas reclama un análisis de la mayor seriedad y responsabilidad de los votantes. La clase política haría bien en hacer un ejercicio de elemental autenticidad y congruencia, comenzando por un deber elemental: fuera máscaras.


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