Órale, ya estamos otra vez. La presidenta Claudia Sheinbaum convocó para el 31 de mayo un informe nacional para “celebrar, conmemorar y defender” la Cuarta Transformación. Llamó a la unidad para cuidar la soberanía y el legado de Andrés Manuel López Obrador, justo cuando Estados Unidos sigue presionando con acusaciones contra funcionarios de Morena por presuntos vínculos con cárteles del narco.
La jefa del Ejecutivo quiere pintar el panorama de unidad y dignidad nacional. Para sus seguidores, esto es puro corazón: defender lo conquistado ante supuestas injerencias extranjeras. “No se negocia la soberanía”, repiten. Y la verdad, en eso tienen un punto sensible para muchos mexicanos que no tragamos cualquier cosa que venga del norte.
Pero caray, el timing es cuando menos curioso. Mientras se prepara el festejo, del otro lado del Río Bravo sueltan bombas judiciales contra gobernadores, senadores y operadores morenistas por supuesta conspiración con el narco. Y aquí, en vez de una respuesta contundente de investigación interna y responsabilidad clara, sale el llamado a cerrar filas alrededor del legado de AMLO.
Es como organizar la fiesta de aniversario mientras los vecinos de al lado gritan que en tu casa hay ratas grandes. Uno no sabe si reír o llorar. Los defensores de la 4T dicen que son ataques políticos para debilitar al movimiento. Los críticos, en cambio, ven que la dependencia al pasado no permite una limpieza profunda y que la “unidad” a veces suena más a “tapen todo para que no se note”.
Sheinbaum camina en la cuerda floja: leal al fundador sin parecer subordinada, defensora de la soberanía sin ignorar los problemas reales de seguridad que traen estas acusaciones. Porque al final, al pueblo no le importa tanto el discurso bonito si sigue viendo que los mismos de siempre se acomodan y los problemas de violencia no bajan.
La columna de este domingo deja claro que celebrar está bien, pero defender con los ojos cerrados puede salir caro. México necesita resultados, no solo conmemoraciones. Y la soberanía se defiende con instituciones fuertes, no solo con discursos.





























