Otra vez el mero mero del norte abrió la bocota en el lugar menos oportuno. En la clausura de la Cumbre del G7 en Évian, Francia, Donald Trump soltó su disco rayado favorito: “México perdió el control de su país. Los cárteles dirigen México, es triste. La presidenta es una muy buena mujer, pero está muy asustada”.
Dicho así, frente a los líderes mundiales, suena a cachetada con guante blanco. Trump no solo repite su rollo de siempre, sino que lo eleva al escenario internacional para que retumbe más fuerte. Y qué casualidad, justo cuando en México siguen las broncas por las acusaciones contra morenistas cercanos al Cártel de Sinaloa. Sheinbaum insiste en que no hay pruebas, que todo es un complot o exageración, y el gringo le sale con que la jefa está “asustada” del narco.
¡Órale! El sarcasmo se sirve solo. Porque mientras la mandataria defiende la “estrategia de abrazos” y la Cuarta Transformación como la panacea contra la violencia, Trump le recuerda al mundo que, según él, los verdaderos jefes de México andan en camionetas blindadas y no en Palacio Nacional.
Por supuesto, la respuesta desde México no se hizo esperar: provocación, injerencia, bla bla bla. Y tienen razón en que Trump usa el tema para su show político interno. Pero también es cierto que las cifras de muertos, fosas y narco-laboratorios no mienten. Aquí el chiste amargo es que el prianismo ya no gobierna y el problema sigue igual o peor. ¿Será que el cártel no distingue colores de partido?
Sheinbaum, con su estilo científico y mesurado, trata de proyectar control. Trump, con su estilo de bulldozer, la pinta como la maestra de escuela que no se atreve a regañar al matón del salón. Irónico, ¿no? El mismo que prometía construir el muro y ahora presume que las drogas siguen pasando por tierra.
Al final, el que sale ganando es el espectáculo: Trump se ve duro ante su gente, Sheinbaum se victimiza ante la suya y los mexicanos de a pie seguimos contando los balazos y los desaparecidos.
Ojalá en lugar de declaraciones de alto vuelo, hubiera menos miedo y más huevos de ambos lados para meterle de verdad al problema. Porque mientras tanto, los cárteles se ríen… y cobran.






























