La protesta persigue a Claudia Sheinbaum como sombra en día soleado. Lo que no le pasaba tanto a su antecesor ahora le toca a ella en cada gira: el grito, el plantón y la bronca que no se apagan.
En Zacatecas, la cosa quedó clarísima. La mandataria tenía programada una agenda de infraestructura con David Monreal, pero al final canceló todo. ¿La razón? Los maestros de la CNTE ya anunciaban que la irían a recibir con tamborazos y demandas. Apenas el día anterior, en Aguascalientes, la abordaron en su camioneta para entregarle un documento. Resultado: agenda vacía el domingo. “Se reagenda”, dijo Presidencia. Traducción libre: mejor no arriesgarse al show.
Y no es la primera. Recordemos que Sheinbaum brilló por su ausencia en la inauguración del Mundial 2026 en el Estadio Azteca. Mientras el país entero vivía la fiesta, ella prefirió ver el partido desde un deportivo en Gustavo A. Madero. Oficialmente, porque “no necesitamos codearnos arriba” y los boletos costaban un ojo de la cara. Extraoficialmente, muchos susurran que el temor a una rechifla monumental o a que las protestas se colaran al espectáculo pesó más que el protocolo.
Es curioso. Con AMLO las marchas también existían, pero parecían diluirse más fácil o se manejaban de otra forma. Ahora la CNTE mantiene el paro, bloqueos y plantones, exigiendo la derogación de la Ley del ISSSTE y más. Y la Presidenta, que prometió diálogo, endureció el tono: dice que son “algunos maestros” y busca hablar directo con las bases, saltándose a los líderes.
La neta, duele ver que ni la luna de miel presidencial se salvó de las broncas. Sheinbaum, con toda su preparación científica y legitimidad electoral, enfrenta un reality check callejero que le recuerda que gobernar no es solo conferencia matutina y buena imagen. A veces toca comerse el taco de la rechifla, literal.
Ojalá estas suspensiones no se conviertan en costumbre. Porque México necesita una Presidenta que camine entre la gente, no que tenga que esquivarla. Al final del día, las protestas son parte del juego democrático, pero cuando persiguen tanto, algo está chirriando en la cancha política.






























