México, otra vez a la baja

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Garantizar el mayor crecimiento económico, especialmente tras casi veinticuatro meses de una grave pandemia que impactó el empleo y la continuidad de un importante número de actividades productivas, sin duda debiera ser una prioridad de Estado. Más aún si —en sentido contrario al desempeño positivo observado en otras naciones y que trata de ser opacado con la propaganda que corre sin descanso desde el Movimiento Regeneración Nacional—, nuestra economía se encuentra en medio de una recesión técnica después de haber registrado la caída del Producto Interno Bruto (PIB) en dos trimestres consecutivos, según cifras dadas a conocer por el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi).

Lo grave es que las señales para la economía mexicana de ir a la baja no cesan. Primero, con la información difundida por el mismo instituto, en la que detalló una contracción del 0.1% en el último trimestre de 2021. Ello, debido, principalmente, a las actividades del sector terciario que, paradójicamente, se encuentra conformado por el comercio, las comunicaciones, los servicios, el transporte y el turismo, entre otros. Esto es, ni siquiera con la incipiente reactivación vivida en los meses de noviembre y diciembre del año pasado este indicador logró recobrar su camino de fortaleza.

Decrecimiento al que sumó la contracción del 0.4% en el tercer trimestre de 2021. Un efecto que, de acuerdo con fuentes abiertas, los especialistas financieros identificaron como producto de la falta de pericia en la conducción de la política económica, con sus consecuentes impactos en generación de empleo, falta de incentivos a la inversión, pérdida en el nivel de producción, desconfianza por parte del sector privado y deterioro general de las condiciones necesarias para recobrar el crecimiento sostenible.

A esta tendencia, ayer, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dejó entrever un escenario, en 2022, poco alentador. De acuerdo con los datos ofrecidos por su secretario general, el pronóstico de crecimiento para México se redujo en un punto porcentual y está proyectado a ser de apenas 2.3% del PIB. Esto, porque se mantienen las variables de un entorno complejo ante la ausencia de reformas que impulsen la inversión y la productividad del país, así como la profunda incertidumbre sobre la estabilidad en los marcos regulatorios y el cumplimiento de contratos, en donde las instituciones públicas son una de las partes.

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Lo llamativo es que, de acuerdo con lo reportado en notas de los medios de comunicación, el titular de Hacienda y Crédito Público refute las razones que motivan a la OCDE a recortar el pronóstico de nuestro crecimiento, respondiendo que México se encuentra en camino de “convertirse en una economía más próspera gracias a que (…) cuenta con un marco macroeconómico sólido y estable”, cuando el deterioro general de las condiciones está siendo alertado por las más diversas instancias especializadas, tanto nacionales como internacionales.

Prueba de ello es la permanencia en el tiempo del temor a que México pierda el grado de inversión por parte de las agencias calificadoras más importantes a nivel mundial. Mismas que, si bien mantuvieron la calificación en 2021, sus valoraciones se encuentran en perspectiva negativa porque sigue en tela de juicio la estabilidad financiera por la ausencia de acciones contundentes para mitigar sus amenazas.

Éstas, entre otras vertientes y de acuerdo con las preocupaciones de los especialistas, refieren a posibles incrementos a las primas soberanas de riesgo; la delicada situación de las calificaciones crediticias de Petróleos Mexicanos y las consecuencias negativas de una eventual reforma eléctrica que privilegiará el poder de una poco eficiente Comisión Federal de Electricidad, así sea pasando por alto una serie de mecanismos que han tenido efectos favorables en los precios del consumidor final.

Bajo el escenario de contracción habrá menores recursos para el desarrollo social, la igualdad de oportunidades y el bienestar de los hogares. Las contradicciones de quienes instrumentan una política económica para tener a México a la baja.


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