¿Y vamos a seguir como mirones de palo?…

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Los cambios son para los valientes,
los cobardes prefieren quedarse donde están
aunque sean infelices”.
Anónimo

No me gusta como va nuestro país, no me gusta el derrotero por donde lo lleva la actual administración, y esto lo expreso en mi calidad de mexicana y de ciudadana. Hemos tenido gobiernos encabezados por sinvergüenzas, al por mayor, unos más, unos menos, pero sinvergüenzas al fin, que le han robado a México la posibilidad de alcanzar un bienestar generalizado, para expresarlo de manera sucinta y sin tanto rollo. Pero eso no es lo peor que le ha sucedido a este país, la tragedia es que al grueso de los mexicanos les ha valido una pura y dos con sal semejante debacle, para decirlo de manera educada. ¿Qué nos pasa? ¿A qué grado de valemadrismo hemos llegado? ¿Qué tenemos hoy? ¿De verdad no nos importa? Estábamos MAL, pero lo que hoy respira no tiene nombre. Quiero explicármelo de manera racional, sin odios y sin llantos, como dice la canción. Lo intentaré. La democracia en nuestro país ha tenido un desempeño que deja mucho, pero mucho que desear, está y ha estado infestada de corrupción, de impunidad, de injusticia social, de violaciones a los derechos humanos, de inseguridad, y con todas estas “linduras”, pues para muchos puede equivaler a lo mismo que una versión hermana del “autoritarismo”. De modo, que por ello no levanta tempestades. Ahora bien, en Latinoamérica, hasta hace algunas décadas, el autoritarismo se asociaba con las dictaduras militares. Tales dictaduras llegaban al poder tras un golpe de Estado y se distinguían por un sin número de violaciones consuetudinarias a los derechos fundamentales. En los países latinos, que a la fecha están cargando con regímenes en los que el poder se concentra en un líder con un importante apoyo popular, con una diatriba populista y programas asistencialistas sin reglas, sin estudios socioeconómicos previos y sin seguimiento, resulta pertinente destacar que muchos de ellos han llegado por la vía de las elecciones. En estos casos, hay ciudadanía que considera que esta “democracia” es preferible, aunque se encuentre gravemente erosionada. El distanciamiento entre el deber ser y lo que es, cada día se ensancha más, pero hay millones de compatriotas que ni sudan ni se abochornan. Los estudiosos del tema indican que la indiferencia política es el resultado de un descontento, de un hartazgo del sistema político imperante. Están convencidos de que ya no hay forma de estar peor, independientemente de quien llegue al poder, porque “todos son iguales”. Y también hay otros a los que la democracia se les antoja como algo tan abstracto y por ello no les despierta ningún apego político. Es lo que hay. ¿Y luego? ¿Así va a seguir hasta la consumación de los siglos? Lo que hoy está sucediendo en nuestro país, es tan desvergonzadamente manifiesto, que de plano no me explico como entendemos los mexicanos nuestro sentido de pertenencia a esta tierra, ¿qué nos significa tener esta nacionalidad? y si comprendemos en toda su dimensión nuestros derechos y nuestros deberes como ciudadanos. Dada nuestra actitud, lo que hemos mostrado, y así se ha ido transmitiendo generación tras generación, México nos representa menos que un cacahuate. Mentamos madres, nos quejamos de la clase de gandules que nos han gobernado… pero no pasa nada, ni por un instante nos llega la lucidez al entendimiento para comprender que es el resultado, en mucho, de nuestra apatía, de nuestro magrísimo interés por intervenir en los asuntos públicos, que nos guste o no, SI SON DE NUESTRA INCUMBENCIA.

Hoy estamos a punto de ratificar el ingreso a la ominosa lista de los países en los que gobierna una izquierda mezquina, incongruente con lo que predica y lo que hace. Una izquierda que detesta la división de poderes y cualquier contrapeso al ejercicio del poder ejecutivo, por supuesto. Una izquierda que es en sí misma la regresión al absolutismo más abyecto, que condena a la gente a vivir como paria –a la gente, no a los dirigentes- , sujeta a la dependencia eterna del Estado y pidiendo más. Una izquierda que adoctrina esclavos y les enseña a abominar su propia dignidad, y a contemplar como un acto de heroicidad la renuncia a todas y cada una de sus libertades. ¿Eso queremos para las nuevas generaciones? Esto último que están haciendo en las Cámaras los personeros del presidente y su partido, NO TIENE MADRE. Nos están quitando la protección del amparo contra actos que violentan por parte de una autoridad o una ley, nuestros derechos fundamentales. Le están dando al Ejecutivo facultades para dejar sueltos a criminales a la hora que se le dé su gana. Y licencia para robarles a los particulares su dinero. Sí, ROBO, se tipifica el delito de ROBO con las tres agravantes de ley, premeditación, alevosía y ventaja. Y esto es solo el principio. ¿Qué sigue? ¿Apropiarse de las cuentas de ahorro e inversiones bancarias de los mexicanos? ¿Legalizar el ayuntamiento entre la delincuencia organizada y el gobierno? En Venezuela hay 3 mafias que controlan al país, la del gobierno, la de las bandas criminales y la del mercado negro. Hacia allá nos llevan. Lo que hoy tenemos en México es un desprecio acendrado por la ley de parte de quien es el primer obligado a observarla. Estoy asqueada de sus baños de pureza, de su infausto y mediocre desempeño como presidente, de su discurso ramplón, de su perversidad y su hambre insaciable de poder. Yo quiero vivir sin miedo, conforme a mi condición de persona y con plena garantía a mis derechos. Voy a ir a votar el 2 de junio y espero que lo hagan también, en conciencia y en plena libertad, todos los mexicanos que aman a su patria.


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