La continuidad de 2021

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Cada año nuevo es una transición que nos da oportunidad al corte de caja: a revisar con detalle lo alcanzado, a rectificar acciones que nos alejaron de los resultados esperados y, sobre todo, al cambio de comportamiento para intentar tener una mejor versión de nosotros. Si a nivel personal o profesional es así, resulta obligado el ejercicio desde las instituciones; porque tanto de la calidad en la toma de decisiones de los funcionarios de primer orden como de la actualización oportuna de políticas públicas conforme a la evidencia disponible, depende en muchas ocasiones la vida misma de miles de personas.

Más aún en el contexto de una prolongada pandemia en la que México no sale bien calificado. Basta recordar que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, desde hace meses nuestro país se mantiene entre las cinco naciones con el mayor número de muertes por covid-19, al registrar oficialmente arriba de 300 mil lamentables fallecimientos, de acuerdo con la Secretaría de Salud. Esto es cinco veces el “escenario catastrófico” que perfilaba el subsecretario Hugo López-Gatell, quien, con evidente falta de pericia, anticipaba un máximo de 60 mil defunciones.

El poco esmero en el manejo de las cifras, que se traduce en una deficiente movilización de recursos para proteger la salud de las personas, lo comprueba la misma dependencia porque hace un par de días reconoció un exceso de mortalidad nacional de 46.3 por ciento. Esto es, de haberse proyectado el sensible fallecimiento de casi un millón 400 mil mexicanos, la realidad ha evidenciado la muerte de más de dos millones de los nuestros. Ello significa un exceso total de 646 mil 451 defunciones.

Si nos atenemos a lo sostenido en medios de comunicación por investigadores de instituciones públicas, lo más grave es que varios miles de estos fallecimientos se pudieron evitar si las autoridades del sector salud no hubieran claudicado a la detección masiva de casos positivos, a la adopción irrestricta de las mejores prácticas sanitarias y a evitar la saturación de espacios hospitalarios alentando la atención médica temprana. Estrategia fallida que, con toda negligencia, ha enlutado a miles de familias.

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Esta nueva ola provocada por ómicron no hace más que ratificar el diagnóstico del pobre desempeño de nuestras autoridades de salud. Ello debido a que, si bien existió evidencia temprana de que esta variante se propagaba a un ritmo mucho mayor que delta, los funcionarios de esta dependencia no sólo siguen asumiendo decisiones en sentido contrario a la experiencia internacional, sino que estuvieron de manos caídas durante valiosas semanas.

Actúan en sentido contrario porque vuelven a despreciar la aplicación de pruebas, cuando éste es el mecanismo central en Estados Unidos, Reino Unido y China para mitigar las amenazas de ómicron. Tan sólo en la ciudad de Tianjin, ese país asiático ordenó la aplicación de 14 millones de pruebas; mientras la ciudad de Nueva York, a la par de las más de 170 mil que se hacen día con día, distribuyó 2 millones de pruebas caseras en escuelas para que sus comunidades preserven ambientes más seguros. Ni qué decir que mientras la Secretaría de Salud se niega a vacunar a menores, esta ciudad estadunidense vio crecer en 700% el ingreso de niños a unidades hospitalarias durante diciembre.

Pero, además, las autoridades de salud estuvieron de brazos caídos. La propia jefa de Gobierno de la Ciudad de México reconoció que apenas ayer se iba a dar una junta de trabajo entre los gabinetes de salud federal y de la Ciudad de México, a fin de definir nuevos protocolos sanitarios de atención a pacientes por covid-19. Además, resulta lastimoso ver en medios de comunicación, tanto las largas filas de cientos de personas en búsqueda de consultas de especialidad en los institutos públicos médicos —cuando este proceso ya debiera estar digitalizado—, como los cientos de pasajeros varados en los aeropuertos frente a una autoridad que ni siquiera defiende los derechos más elementales del consumidor. Así, a la pandemia se le responde con VapoRub, concentraciones y videos de botargas.

La jefa de Gobierno de la Ciudad de México afirma que “no es necesario entrar a un proceso de cierre de negocios o de escuelas”… y es cierto, porque el deficiente manejo de la pandemia que su administración y las autoridades federales de salud hacen basta para que los contagios aleatorios ómicron inhabiliten sin control las cadenas productivas y académicas, en perjuicio de trabajadores, estudiantes y familias. Vivimos en 2021.


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