Cuatro años de rencor

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Llegamos a los cuatro años de gobierno de López Obrador, y con ello, a su recta final… bendito Dios, porque han sido cuatro años de rencor, de autoritarismo, de mentira y de falta de resultados. Veamos:

  1. El rencor. El resentimiento se deja ver cuando desde la palestra presidencial se apuesta por agudizar la división entre los mexicanos, por recrudecer el encono y exacerbar el resentimiento social. Todo bajo la lógica de ricos vs pobres, malos vs buenos, chairos vs fifís, norte vs sur, transformadores vs conservadores.
  2. El autoritarismo. Este se ve en la concentración de poder en un solo hombre como signo y propósito central. Para ello igual se ataca a los Poderes y organismos autónomos, que se les intenta cooptar, ya sea mediante la captura, la amenaza o el favor. Todos han de supeditarse al nuevo presidente imperial.

Pero el autoritarismo tiene otra arista: Todo aquel que no se someta será denostado, agraviado, y hasta perseguido. Para estar en ese segmento no hace falta ser político, los “traidores a la patria” no son solo los opositores, el país está lleno de ellos, un día son los abogados de empresa, otro día la prensa vendida, o las feministas, los empresarios, los ambientalistas, científicos, intelectuales, organizaciones de la sociedad civil, padres de niños con cáncer, o la prensa libre. Esta última fustigada persistentemente en ese surreal espacio de las mañaneras que conduce una nerviosa joven sin habilidad para la lectura que paradójicamente se denomina “quién es quién en las mentiras”. Esto me lleva a la tercera característica.

  1. La mentira. Usando la técnica nazi de repetir mil veces una mentira hasta convertirla en verdad, el presidente repite una y otra vez que “ya no hay corrupción”, “no somos iguales”, “ya no es como antes”, “es culpa de Calderón”, o del pasado, o de los conservadores, o de los neoliberales, etc. Pretextos y mentiras. Lo cierto es que repetir mil veces una mentira puede llegar a convencer a muchos, pero la mentira nunca dejará de ser eso, un embuste, una engañifa.

La principal herramienta para propagar la mentira es justo esa puesta en escena conocida como “la mañanera” a la que solo le faltan las risas grabadas. Desde ahí, el presidente la vierte con prodigalidad, a grado que le han llegado a computar la friolera de 90 falsedades por día. No tiene pudor. La mitocracia como forma de gobierno. Basta ver los spots que en ocasión del cuarto informe aparecen profusamente en los medios: en todos miente.

Y cuando no miente, levanta cortinas de humo para esquivar la rendición de cuentas respecto de los verdaderos problemas del país: la inseguridad, la carestía, la deserción escolar, la falta de empleos y de medicinas, la corrupción, etc. Y con esto llegamos a la cuarta característica de este gobierno.

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  1. La falta de resultados. Los buenos resultados brillan por su ausencia tanto en lo social y lo económico, como en seguridad y anticorrupción.

“Primero los pobres”, repitió una y otra vez, y ahora hay 4 millones de personas más en situación de pobreza. 2 millones más en pobreza extrema. El presidente presume que ha disminuido la desigualdad, pero es porque ahora todos somos más pobres. El gobierno no redistribuye riqueza sino miseria.

Aumenta el salario mínimo, pero para sobrevivir hace falta ganar tres; y aún si los ganas, la inflación del 8%, la más alta en 21 años, diluye su poder adquisitivo. Y además, el crecimiento prometido del 4% no ha llegado, está en 0%.

El sistema de salud está por los suelos, no hay medicinas, ni insumos básicos, muy distinto al de Dinamarca; la criminal gestión de la pandemia nos colocó como el segundo país con mayor exceso de mortandad; todo, mientras el sistema educativo, cuyo control ha regresado a la mafia sindical, está siendo ideologizado, y el rezago y la deserción escolar desatendidos.

De “la corrupción del pasado”, pasamos a la corrupción de hoy. Los escándalos pululan, incluso dentro del círculo más íntimo del presidente, no se diga respecto de los funcionarios, para no entrar ya al tema de las compras directas y la opacidad.

La inseguridad aumenta; el crimen se pavonea en las calles y controla más de la mitad del territorio nacional. Los asesinatos rebasan las 132 mil víctimas. Las 8 ciudades más violentas del mundo están en México. Nadie enfrenta al crimen; “abrazos, no balazos” es la divisa de la negligencia.

Pero tampoco se ha vendido el avión, ni han regresado a los militares a los cuarteles, ni hay medicinas, ni han rescatado a los mineros, ni han encontrado a los 43, ni la gasolina cuesta 10 pesos, ni funciona Santa Lucía, ni Dos Bocas, ni el Insabi, ni el Banco del Bienestar, ni Gas Bienestar…

En fin, podemos decir que el rencor, el autoritarismo, la mentira y la falta de resultados, resumen lo que ha sido esta gestión.


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