miércoles, junio 24, 2026
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Obsesión por el poder a cualquier precio

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En estos días, El Universal desenterró una vieja entrevista con Carlos Monsiváis que ha hecho ruido, y no precisamente por los chismes de “noches deliciosas” o los adjetivos fuertes que le soltó al entonces joven Andrés Manuel. Lo que realmente pinta el cuadro es algo más profundo y que la realidad confirmó con creces: un López Obrador obsesionado con el poder, dispuesto a retenerlo cueste lo que cueste.

Monsiváis, con esa pluma filuda que lo caracterizaba, ya veía venir el desmadre. Hablaba de sueños de grandeza desmedidos, de alguien que se imaginaba como un Nerón moderno. Y caray, acertó. Durante su sexenio, el Presidente demostró que el trono era sagrado: reformas a modo, instituciones dobladas, aliados premiados y críticos tratados como enemigos del pueblo. Todo con tal de no soltar la silla, aunque fuera a costa de la división, la polarización y hasta el desgaste de las instituciones que tanto criticaba cuando estaba en la oposición.

Es el clásico cuento del que llega gritando “¡ya basta!” y termina haciendo lo mismo, pero con más estilo y recursos del erario. “Por el bien de todos, primero los pobres”, decían, mientras el poder se concentraba en unas cuantas manos y la lealtad personal pesaba más que la ley. Monsiváis lo vio venir desde hace décadas: un tipo capaz de todo por mantenerse arriba. Y el pueblo mexicano, con su memoria a veces corta, lo vivió en carne propia.

No se trata de satanizar al personaje, que tuvo sus logros y su carisma innegable para conectar con la gente. Pero la entrevista de Monsiváis sirve como recordatorio incómodo: el poder, cuando se vuelve obsesión, corrompe las mejores intenciones. Y en México, ya sabemos cómo terminan esas historias. A veces con más discursos que resultados, y siempre con el mismo afán de no soltar el volante.

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Al final, el tiempo le dio la razón al cronista. López Obrador gobernó como quien no quiere dejar la fiesta, aunque la música ya estuviera desafinada. Y nosotros, los de a pie, seguimos pagando la cuenta.

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