viernes, mayo 29, 2026
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Inzunza se va de «vacaciones»

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¡Órale, compa! El senador Enrique Inzunza, ese que Morena mandó a representar a Sinaloa, de repente pidió licencia. Claro, justo cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos le anda echando encima acusaciones de andar muy cuate con el Cártel de Sinaloa. Coincidencias, ¿verdad? Como dice el dicho: «ni que fuéramos pendejos».

El señor Inzunza, que hasta hace poco negaba todo y presumía estar en su tierra rodeado de «gente buena y honesta», ahora opta por hacerse a un lado. No es para menos. Circulan versiones fuertes de que los gringos ya empezaron a pasar pruebas concretas al gobierno mexicano. Documentos, testigos, quién sabe qué más. Suficiente para que la presidenta Claudia Sheinbaum empiece a oler que defender a Inzunza y a Rubén Rocha Moya se está convirtiendo en una batalla que ni el más optimista ganaría.

Porque defender a los suyos es una cosa, pero cuando el vecino del norte suelta la bomba y empieza a compartir carpetas, la cosa se pone color de hormiga. Rocha Moya ya está con licencia, el alcalde de Culiacán también, y ahora Inzunza se suma al club de los «temporalmente ausentes». ¿Será estrategia o puro instinto de supervivencia política?

Lo chistoso del asunto es que mientras en México algunos todavía gritan «¡intervencionismo!», del otro lado parece que traen recibo en mano. Y la responsabilidad, esa palabra tan incómoda, empieza a pesar. Porque si las acusaciones tienen sustento, no se trata solo de un senador en apuros, sino de hasta dónde llegó la supuesta protección a ciertos grupos en Sinaloa.

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Inzunza dice que las imputaciones son falsas y dolosas. Ojalá sea cierto, por el bien de todos. Pero mientras tanto, su licencia temporal huele más a «me quito para no estorbar» que a un acto de nobleza republicana. Sheinbaum, que ha tratado de mantener la línea de «confiemos en nuestras instituciones», podría estar llegando al punto en que defender a estos personajes ya no solo es riesgoso, sino políticamente suicida.

Al final, el pueblo mexicano, harto de promesas y más harto de que el narco y la política sigan bailando el mismo son, solo espera una cosa: que haya consecuencias reales. Porque licencias temporales van y vienen, pero la desconfianza se queda.

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