martes, junio 23, 2026
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Colombia y el Nuevo Mapa Ideológico Continental

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La aún no confirmada victoria de Abelardo de la Espriella en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, celebradas el 21 de junio, no es un episodio aislado: es el eslabón más reciente de una cadena que está redibujando el mapa político de América Latina con trazo de derecha. Con el 99.99% de las mesas reportadas, De la Espriella obtuvo el 49.66% de los votos frente al 48.70% del candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, en la elección más reñida de la historia reciente del país. El margen, de menos de un punto porcentual, revela que Colombia está profundamente dividida, pero la dirección del resultado es inequívoca.

Entre 2023 y 2026, las fuerzas de derecha se han impuesto en doce elecciones presidenciales en la región, desplazando a la izquierda. El nuevo mapa reduce los gobiernos progresistas en la región a cuatro: México, Nicaragua, Cuba y Brasil, este último con elecciones programadas para octubre de 2026. Dentro del bloque derechista consolidado figuran Javier Milei en Argentina, José Antonio Kast en Chile, Rodrigo Paz en Bolivia, Santiago Peña en Paraguay y Nayib Bukele en El Salvador. Colombia se suma ahora a ese bloque con De la Espriella, un abogado y empresario de 47 años con triple nacionalidad, conocido como «El Tigre», cuyo perfil encarna exactamente el modelo de liderazgo que Washington ha alentado en el hemisferio.

El factor Trump

De la Espriella cuenta con el respaldo público de Donald Trump y de la congresista republicana María Elvira Salazar. Cuando encabezó la primera vuelta, Trump lo apoyó explícitamente señalando que los resultados eran «muy importantes para el futuro de Colombia y su relación con Estados Unidos». El secretario del Tesoro estadounidense, Kenneth Bessent, fue aún más explícito: afirmó que «Colombia es el último ejemplo de cómo los votantes de toda América Latina rechazan las políticas izquierdistas fallidas y optan por defensores del mercado y del crecimiento».

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La intervención directa de Washington en la política electoral latinoamericana genera polémica en ambas orillas del espectro ideológico. Para la derecha regional, el respaldo de Trump es un sello de legitimidad; para la izquierda, es la confirmación de una injerencia inaceptable en la soberanía de los pueblos. Lo que resulta innegable es su eficacia práctica: los candidatos que reciben el aval explícito de Trump han ganado sistemáticamente en los últimos tres años.

Las razones del desgaste progresista

Los analistas coinciden en que el ascenso de la derecha no responde únicamente a una conversión ideológica de los electorados, sino al agotamiento acumulado de gobiernos que prometieron transformaciones profundas y entregaron resultados parciales o negativos. En muchos casos, los votantes castigaron a los oficialistas por crisis económicas, corrupción o falta de resultados. El caso más emblemático es Colombia: el gobierno de Gustavo Petro llegó con una agenda ambiciosa de paz total y reformas sociales, pero terminó su mandato con una imagen deteriorada, polarización extrema y escándalos que erosionaron su credibilidad.

Las nuevas generaciones de votantes no recuerdan las dictaduras militares del siglo XX, por lo que esas experiencias negativas de la derecha no pesan en su memoria colectiva. En cambio, han crecido viendo escándalos de corrupción, crisis económicas y estancamiento social bajo gobiernos de izquierda. A esto se suma el peso simbólico de Cuba y Nicaragua, regímenes identificados con la izquierda pero calificados internacionalmente como dictaduras, que funcionan como argumento permanente para desacreditar cualquier proyecto progresista, independientemente de sus diferencias con esos modelos.

El péndulo y sus límites

No obstante, los analistas advierten contra la lectura triunfalista que hace la derecha de estos resultados. El politólogo Juan David Escobar describe el fenómeno como «un péndulo ideológico que refleja que los gobiernos de izquierda del período 2022-2026 tal vez no supieron canalizar y responder a las necesidades de la población». El péndulo, por definición, oscila en ambas direcciones. En Argentina, pese a la caída de la pobreza al 28.2% en el segundo semestre de 2025, el gobierno de Milei estuvo acompañado por protestas relevantes, movilizaciones universitarias, protestas de jubilados y huelgas contra las reformas laborales.

El caso colombiano ilustra además que la hegemonía derechista no es aplastante: medio país votó por Cepeda. El candidato izquierdista anunció la impugnación de 33,000 mesas de votación durante el escrutinio oficial, en lo que calificó como «la más estrecha diferencia en votos que registre cualquier elección de segunda vuelta en la historia electoral colombiana».

Las implicaciones para México

Para México, el nuevo mapa continental es una señal de alerta. El gobierno de Claudia Sheinbaum administra hoy una izquierda que debe demostrar resultados concretos antes de 2027, en un entorno regional donde el desgaste progresista ha demostrado ser electoral y velozmente capitalizable por la derecha. La diferencia que pueden hacer no es el discurso ni la identidad ideológica: es la capacidad de entregar bienestar tangible a los ciudadanos antes de que el péndulo vuelva a moverse.

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