Según el portal Pie de Nota, la unidad operativa ADO de la CIA, adscrita al consulado estadounidense en Monterrey, participó en el reciente operativo de Chihuahua contra un narcolaboratorio y, además, proporcionó inteligencia clave para localizar a Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, en Tapalpa, Jalisco, el 22 de febrero de 2026. Esta revelación, difundida por el periodista Luis Chaparro, ha intensificado el debate sobre la cooperación binacional en materia de seguridad y la consistencia en las posturas políticas frente a la intervención extranjera.
En Chihuahua, dos agentes de la CIA acompañaron a elementos de la Agencia Estatal de Investigación en una acción que desmanteló instalaciones de producción de drogas sintéticas. Al regresar, el vehículo en el que viajaban sufrió un accidente que costó la vida a los dos estadounidenses y a dos funcionarios mexicanos, incluido el director de la AEI, Pedro Oseguera Cervantes. Morena y sus aliados en el Senado han calificado el hecho como una violación a la soberanía nacional y una posible omisión de responsabilidad por parte del gobierno estatal panista de Maru Campos. La presidenta Claudia Sheinbaum ha exigido explicaciones formales y ha convocado a la gobernadora y al fiscal estatal a comparecer, argumentando que la ley de Seguridad Nacional obliga a notificar a la Secretaría de Relaciones Exteriores cualquier participación extranjera en operaciones de este tipo. Para el oficialismo, la ausencia de autorización federal representa un riesgo para la integridad territorial y una cesión indebida de control en territorio nacional.
Sin embargo, la misma unidad ADO utilizó drones para ubicar a “El Mencho” en un complejo de cabañas de Tapalpa. En ese caso, compartió la información con la Secretaría de la Defensa Nacional y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, permitiendo un operativo federal que culminó con el abatimiento del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Fuentes consultadas por Pie de Nota indican que, a diferencia de Chihuahua, en Tapalpa hubo notificación previa a las autoridades federales y no se autorizó presencia física de agentes estadounidenses en el terreno. El éxito de esa acción ha sido celebrado por el gobierno federal como un golpe estratégico al crimen organizado.
Esta dualidad ha generado críticas por un aparente doble rasero. Mientras Morena y sus aliados exigen responsabilidades y denuncian traición a la patria en el caso de Chihuahua —gobernado por la oposición—, no se registran cuestionamientos equivalentes al rol de la misma unidad en la operación contra “El Mencho”. Voces de la oposición, por su parte, sostienen que la cooperación internacional es indispensable ante la capacidad tecnológica limitada de las fuerzas mexicanas y acusan al oficialismo de politizar tragedias para debilitar a gobiernos estatales rivales. Analistas independientes señalan que la discrepancia podría radicar en la coordinación: notificada y sin presencia física en Tapalpa, versus no notificada y con agentes en campo en Chihuahua. No obstante, ambos escenarios plantean interrogantes sobre los límites legales de la inteligencia compartida y la confianza entre instituciones federales y estatales.
El episodio subraya tensiones estructurales. La lucha contra el narcotráfico exige inteligencia avanzada y colaboración binacional, pero también marcos claros de responsabilidad que garanticen la soberanía sin comprometer la efectividad. La revelación de Pie de Nota obliga a examinar si las críticas responden a principios consistentes o a cálculos políticos coyunturales. En un contexto de violencia persistente, la transparencia y la uniformidad en la aplicación de la ley se vuelven indispensables para restablecer credibilidad institucional.





























