sábado, abril 25, 2026
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CIA en Chihuahua: ¿quién se hace pendejo?

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Ay, qué cosa tan chistosa y al mismo tiempo tan cabrona. Dos agentes de la CIA se van al otro barrio en un accidente al regresar de desmantelar un narcolaboratorio de dimensiones épicas en la sierra de Chihuahua. El asunto podría haber quedado como una tragedia más en la eterna guerra contra el narco, pero no: Michael McCaul, presidente del Comité de Seguridad Nacional del Congreso estadounidense, soltó la bomba con toda la calma del mundo: “No hay manera de que la presidenta Sheinbaum no estuviera enterada”.

Sheinbaum, por su parte, ha repetido como mantra que “no estábamos enterados” y que esto huele a violación de la Ley de Seguridad Nacional y de la soberanía. Pide explicaciones a Washington y, sobre todo, a la gobernadora panista Maru Campos. La Sedena se deslinda elegante y el dedo acusador apunta directo al gobierno estatal opositor. Resultado: el accidente se convirtió en ofensiva política perfecta contra el panismo chihuahuense.

McCaul, con esa cara de quien ha visto demasiados expedientes clasificados, insiste en que la cooperación de inteligencia entre México y Estados Unidos es profunda y constante. Difícil creer que la Presidencia de la República ande en la luna cuando agentes gringos andan en el monte con uniformes de la policía estatal, según reportes. ¿Instructores de drones o algo más operativo? Las versiones bailan: unos dicen que solo capacitaban, otros que participaron activamente en el golpe al laboratorio.

Aquí viene lo sabroso del sainete. Cuando el operativo sale mal y mueren dos estadounidenses (confirmados como de la CIA) y dos mexicanos, el gobierno federal se rasga las vestiduras por la soberanía. Pero si hubiera sido un éxito rotundo sin bajas, ¿habría habido la misma indignación? La oposición huele oportunismo: usar la tragedia para golpear a Maru Campos y al PAN mientras se blinda el discurso de “no permitiremos injerencias”.

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Y el ciudadano de a pie se queda con la misma duda de siempre: ¿realmente nadie en el gobierno federal sabía, o es más cómodo hacerse el desentendido cuando la cosa se pone incómoda? Porque cooperación en inteligencia existe desde hace décadas, a veces calladita, a veces ruidosa. Lo que molesta no es que haya colaboración contra el narco —que falta hace—, sino que parezca que unos sí pueden y otros no, dependiendo de quién gobierne el estado.

Al final, el muerto al hoyo y el vivo al negocio político. Dos agentes gringos muertos, cuatro familias rotas, un laboratorio menos y un pleito federal-estatal servido en bandeja. Mientras tanto, el narco sigue cocinando metanfetaminas en la sierra como si nada. Y nosotros, los de a pie, viendo cómo la soberanía se defiende a conveniencia y la responsabilidad se reparte como hot cakes.

En esta columna nadie sale santo. Ni los que se hacen pendejos, ni los que invitan gringos a la fiesta sin avisar a la casa grande.

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