Elecciones intervenidas

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El actual proceso electoral se encuentra en riesgo por las constantes intervenciones del gobierno y de Claudia Sheinbaum..

La más reciente estrategia de la regenta de la Ciudad de México es sabotear presupuestalmente al Tribunal Electoral local para que no puedan fiscalizar las campañas; busca diezmar cualquier amenaza a las elecciones de Estado que está promoviendo sin ningún reparo.

En este contexto, acabamos de ser testigos del gancho al hígado que Sheinbaum, respaldada por su partido en el Congreso de la CDMX, dio al Tribunal reduciendo aún más su ya de por sí mermado presupuesto para este año al dejarlo con sólo 247 millones de pesos, de los 425 millones que había solicitado.

El objetivo de la reducción presupuestal es claro: afectar la operación del Tribunal para que no puedan detectar las intromisiones y el desvío de recursos, toda vez que se han convertido en la única autoridad que se ha atrevido a señalar y criticar el uso faccioso de las instituciones, función que debería de tomar el Instituto Electoral de la CDMX, pero que hoy vive sometido por su voluntad.

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Desafortunadamente, esto fue culpa de la oposición, que no supo ganarse el respeto del gobierno por su sumisión. El Tribunal ha mostrado tener más valor que la oposición, o por lo menos aquellos que se hacen llamar así y que han resultado ser unos simples trapos sobre los cuales Sheinbaum sabe que puede pasar por encima.

Si la llamada oposición en el Congreso de la Ciudad de México tuviera la tercera parte de compromiso con la legalidad, y la décima parte de autonomía que tiene el Tribunal, otro gallo le cantaría a la ciudad, otra sería la realidad que estamos viviendo en el proceso electoral y en la inminente elección de Estado.

Esta estrategia es el modus operandi de Morena. Desde Mario Delgado hasta Andrés Manuel López Obrador, ellos se encargan de debilitar y sabotear a las autoridades electorales, aunque esto signifique atacar sus finanzas para dejarlos en la inoperabilidad práctica. Golpearlos en sus finanzas para que no puedan fiscalizar ni atender las quejas que el Instituto ignorará.

Lo mismo hace la científica que está al frente del gobierno. Está determinada a ganar estas elecciones a cualquier costo, aunque esto signifique debilitar y atacar las instituciones, con el beneplácito de una oposición doblegada que no supo ganarse su respeto.


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