En el marco de la revisión del Tratado de Libre Comercio (T-MEC), el Embajador norteamericano Ronal Johnson, ha puesto sobre la mesa el tema de la corrupción, particularmente el derivado de políticos en funciones involucrados en esa actividad.
Aprovechando una gira por Sinaloa, el pasado 23 de abril, en un evento para colocar la primera piedra del Proyecto Pacifico Mexinol, que representa una inversión superior a los tres mil millones de dólares, en los Mochis, el diplomático hizo un inusual pronunciamiento al respecto.
Por supuesto que la intención al abordar el rubro de manera pública tiene sus connotaciones, máxime la entidad y el evento elegidos para dar el anuncio; Sinaloa es una entidad que ha albergado a los principales cabecillas de la delincuencia organizada; mientras que el inicio de una obra con inversión extranjera en México pone de relieve la importancia de la relación económica.
Debido a ello, no se trato de una coincidencia, el propósito de mandar bajo ese escenario el mensaje de la administración de Trump sobre el inicio de una campaña anticorrupción en contra de funcionarios mexicanos que tienen vínculos con el crimen organizado e inclusive advertir expresamente con presentar acusaciones ante tribunales del país del norte, es dar a conocer al mundo entero que consideran alarmante el fenómeno en México.
Las relaciones bilaterales entre ambos países tienen una gran variedad en temas de interés común, que por lo regular se tratan en corto, sobre todo aquellos que repercuten en las dos naciones, como en el caso que nos ocupa que tienen sus efectos en la región.
Entonces es de suponer que el punto había sido abordado en privado, sin que la contraparte haya obtenido una respuesta satisfactoria y, en virtud de ello, decidió llevarlo a la luz pública ejerciendo presión al gobierno mexicano.
En efecto, todo hace pensar que se exigió a la administración de la doctora Sheinbaum se combatiera y actuara en contra de personas ligadas a la delincuencia organizada y a actividades vinculadas con la corrupción, ocupando puestos dentro de la política, sin obtener resultado alguno ante la pasividad proteccionista del régimen morenista.
Al respecto sobra decir que el embajador Johnson no es ningún improvisado en esos menesteres, tiene una amplia experiencia, fue jefe de operaciones de la CIA, así que sus posicionamientos no pueden tomarse a la ligera, son advertencias serias que deben atenderse.
Máxime que se encuentra en marcha la revisión del T-MEC, sin olvidar que nuestro principal negociador es el titular de la Secretaria de Economía, Marcelo Ebrart, quien en estos momentos cruciales es acusado de utilizar su puesto como Canciller para hospedar a su hijo en la embajada de Reino Unido, restándole calidad moral.
La corrupción siempre ha sido un flagelo en el sistema político mexicano, se encuentra inmerso en la vida cotidiana de quienes habitamos el país tan penetrante como la humedad, sin embargo, los niveles actuales son de tal magnitud que han rebasado cualquier pronostico.




























