La Pausa ¿inexplicable, ridícula o trágica?

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El capricho ideológico que se convierte en ruina del país y pobreza ampliada en millones de habitantes.

La reveladora “pausa” en boca de “ya saben quien”, “el bulto”, contribuye a descubrir una serie de cosas, que muchos ya conocen, y que no sólo tienen que ver con asuntos de carácter internacional, pero que no está por demás desnudarlas para conocerlas mejor y tal vez encontrar nuevas recetas para publicitarlas y popularizarlas, para la buscar la manera en que hasta los fanáticos puedan descubrir las miserias humanas que esconden y que pueden enumerarse.

Desde luego que la pausa mayor es la del sexenio que transcurre, pausa en el crecimiento económico, pausa en la atención a la salud y a la seguridad pública, pausa en el respeto por los derechos humanos, pausa en el respeto por la libertad de prensa, pausa en cultivar buenas relaciones con los países amigos y, a la inversa, no hay pausa en el empobrecimiento, no la hay en el aislamiento en un mundo globalizado, no la hay en el endeudamiento iniciado de manera muy significativa con la interrupción de la construcción del aeropuerto de Texcoco.

Pero para empezar por el principio, también desnudan los nombres con los que se designan algunos calificativos como la ignorancia en muchas materias, particularmente de la historia, el derecho, la sociología, la economía, la biología y hasta de la física; asimismo la cobardía vinculada con esa moral que no tiene nada que ver con el árbol de las moras, y una especie de ideología trasnochada pero más dogmática que las de casi todas las religiones, y que pretende explicar una especie de cosmovisión que dice muy poco de la realidad, pero pontifica para el futuro (también tiene sus propios pontífices y profetas), e imagina utopías como si fueran otras tantas profecías pontificales.

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Y, por si eso fuera poco, en todo caso inventa una nueva “pseudo” verdad (ahora le llaman pos-verdad o sea algo que no es verdad y tampoco existe ni en el tiempo ni en el espacio pero que es una palabrita recurrente) y que tiene que ver más con una especie de voluntarismo ideológico que con la naturaleza propia de los fenómenos observables, o de los que se tiene una larga experiencia de observación una y otra vez a lo largo de la historia, por ejemplo, la ley de la oferta y la demanda con millones de casos confirmatorios.

Un ejemplo puede ayudar a quitarle los ropajes a la pos-verdad de moda y quizás abrirles los ojos a algunos fanáticos de las ideologías dogmáticas. En Cuba, hasta hace unos años, estaba prohibida la iniciativa privada empezando con la más elemental, (esa prohibición se ha suavizado recientemente), aunque se tratara de muy pequeños talleres, entre ellos, los de fontanería-plomería, pero resultaba que en la Habana vivían y viven alrededor de cuatro millones de habitantes, algo menos de un millón de familias y donde había un número semejante de viviendas con baños que, como en todo el mundo, pueden sufrir desperfectos, pueden taparse y a veces, sí se tapa el escusado (WC), como puede ocurrir también en cualquier parte del mundo.

Cuando eso ocurría en una vivienda el ciudadano debía recurrir a la burocracia, solicitar al “Ministerio de Obras”, que enviara al especialista en destapar caños y esperar probablemente un mes a que llegara el plomero oficial para poder descargar las descargas de los intestinos, acumuladas por varias semanas.

Ante esa situación y, a pesar de que las microempresas eran penalizadas, las personas que constituían esas mini empresas de plomería empezaron a fabricar sus propias herramientas de trabajo (lo que también estaba penalizado), y a unirse en pequeñas empresas para atender a una clientela que se fue incrementando.

Fue interesante considerar que a pesar de la prohibición y la penalización, el Ministerio de Obras fingió que no existían y las tuvo que tolerar, o no quiso castigarlas porque en la dependencia oficial no había la capacidad de atender unas necesidades que podrían aumentar, entre ellas, los problemas de salud pública.

Algo que no es igual pero parecido a lo que ha ocurrido y ocurre en nuestro país con el Instituto Nacional de Salud y Bienestar (INSABI), que no tiene ni la honestidad ni la capacidad para solucionar los problemas que sí se solucionaban con el Seguro Popular, es verdad que con dificultades (era un sistema en vías de perfeccionamiento), pero que sí se solucionaban, entre ellos, los llamados gastos catastróficos que hoy ni siquiera se contemplan en el INSABI.

La cosmovisión que pretendía poder solucionarlo todo con una ideología que atendía más a intereses ideológicos y políticos que a la realidad misma, se vino a despojar de sus vestiduras mentirosas en 1990 con la caída del muro de Berlín, con la Perestroika y la Glasnost en la otrora URSS, los dogmas ya se estaban desvaneciendo pero siguen presentes como fantasmas, no tan invisibles, en el mundo globalizado.

Al respecto hay al menos dos posibles enseñanzas, la primera es que no existe una sola cosmovisión ideológica que agote las posibilidades humanas para progresar y solucionar problemas, los misterios están en otra categoría y quedan fuera de este tema;

la segunda es que, cuando se pretende forzar una concepción filosófica idealista (Hegel en este caso), para convertirla en materialista, se tiene que saltar, sin red de protección, de un mundo a otro cuya vinculación forzada se aparta del mundo real y puede llegar a absurdos como los que hoy estamos viviendo en nuestro país.


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