La oposición en nuestro país camina de la mano de la ineficacia. La reforma electoral y el Plan B se aprobaron sin que las fuerzas opositoras intervinieran de forma relevante: no lograron presentar propuestas propias, modificar los términos de la iniciativa ni integrarse en las mesas de negociación.
En lo que va del sexenio, el diálogo con el Gobierno ha sido inexistente. En su lugar, las pugnas internas y las renuncias se han vuelto cotidianas en los partidos opositores. Recientemente, la alcaldesa de León, Alejandra Gutiérrez, se separó del PAN tras denunciar ataques internos, acusaciones que la dirigencia nacional del partido ha negado. Por su parte, la organización Somos México sumó a sus filas a la exdirigente priista Carolina Monroy, incorporando así a una exmilitante de otras fuerzas a su padrón.
La alianza que busca arrebatar la mayoría en la Cámara de Diputados el próximo año enfrenta múltiples obstáculos, originados principalmente en las propias fuerzas políticas que anteponen la desconfianza a la necesidad de una victoria electoral. Por si esto no fuera suficiente para desmotivar al ciudadano crítico, los partidos enfrentan serios problemas jurídicos.
En el PRI, su dirigente Alejandro Moreno Cárdenas encara la amenaza de un juicio político motivado por investigaciones de la Fiscalía de Campeche. En el PAN, su presidente Jorge Romero Herrera se ve acechado por el caso del “Cártel Inmobiliario”. Este expediente, que ya mantiene en prisión a un exjefe delegacional de Benito Juárez —cargo que también ocupó Romero—, podría reactivarse en plena campaña como punta de lanza de la ofensiva oficialista.
La oposición no ha logrado sacudirse la imagen de corrupción difundida desde el oficialismo, a pesar de los propios escándalos de Morena, donde militantes ostentan lujos y viajes, o se ven envueltos en casos como el «huachicol» fiscal y el desfalco en Segalmex.
A esto se suma una alarmante falta de reflejos ante crisis coyunturales. Lo ocurrido con dos agentes de la CIA en Chihuahua sumió en una crisis a la gobernadora panista, lo que anticipa el tono de la contienda por el Ejecutivo estatal. Mientras Morena promueve a legisladores y funcionarios para los comicios de 2027, en la oposición apenas un puñado de militantes ha levantado la mano para competir el año entrante.
El extravío es tal que la oposición ha comenzado a adoptar los métodos y eufemismos de su adversario: desde las encuestas para definir candidaturas hasta nomenclaturas similares a los «Coordinadores de la Defensa de la 4T», ahora replicados por el PRI con sus «Defensores de México».
La incapacidad para capitalizar los errores, irregularidades o fallas en los programas de gobierno de Morena impide elevar el costo político del partido en el poder. Para muchos ciudadanos desencantados, la opción parece reducirse a elegir entre una oposición ineficaz o el camino del abstencionismo.
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