Órale, ¿qué carajos está tramando el diputado morenista Arturo Ávila? Este cuate se la pasa jugando a las escondidas con el electorado y parece que quiere comerse el pastel completo sin decidirse por un solo pedazo. Por un lado, se destapa fuerte como aspirante a la gubernatura de Aguascalientes en 2027, donde las encuestas lo ponen como puntero o en empate técnico con Nora Ruvalcaba dentro de Morena. Hasta presume que ya ganó una encuesta en 2022 y que le arrebatará el estado al PAN. Por el otro, no suelta la alcaldía Cuauhtémoc en la Ciudad de México, donde también aparece en las mediciones y se ofrece “a ayudar al movimiento” si surge la oportunidad de recuperar esa demarcación.
Lo más sabroso es que no deja de entrarle a la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega. La denunció ante el INE por presuntos actos anticipados de campaña, acusándola de usar recursos públicos para promocionarse. Curioso, porque esa preocupación selectiva sólo la muestra con la panista. A la hora de las bardas misteriosas con mensajes a su favor —tanto en Aguascalientes como en la Cuauhtémoc—, Ávila sale con el clásico “yo no fui”. Dice que no sabe quién las pintó, que podrían ser un montaje o que simplemente no las mandó él. ¡Como si las bardas se pintaran solas con spray mágico!
El asunto genera más dudas que certezas. ¿Está midiendo aguas para ver dónde le conviene más? ¿O es que en Morena ya ven a este legislador como el candidato milusos, capaz de brincar de Aguascalientes a la capital sin que le tiemble la mano? Mientras tanto, la oposición lo ve como un oportunista y dentro de su propio partido algunos fruncen el ceño ante tanta ambición dispersa.
Arturo Ávila es un político con experiencia, vocero de la bancada morenista y con arraigo en Aguascalientes, pero esta doble promoción genera ruido. La ciudadanía merece claridad, no un juego de doble fondo que parezca más estrategia personal que servicio público. Al final, el que decide son los votantes, pero mientras tanto, el diputado sigue en modo “a ver qué cae”. Que se defina de una vez, porque el electorado no está para andar adivinando intenciones.





























