domingo, abril 19, 2026
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Embajada hotel del hijo de Ebrard

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¡Órale, carnales! Resulta que el junior de Marcelo Ebrard se agarró la embajada de México en Londres como si fuera el Hilton cinco estrellas. Seis meses completitos, del 2021 al 2022, viviendo a todo lujo con cocinera personal, lavandería y vista a Belgrave Square, todo con lana del erario. El papá, ahora secretario de Economía, salió a decir que “no ve abuso, nomás preocupación de padre”. Pues qué chido, ¿no? Mientras los demás chamacos batallaban con clases en línea desde un cuarto de azotea, el hijo de la 4T montaba exposiciones de salud mental en la residencia oficial. ¡Qué transformación tan padre!

Pero eso es apenas la punta del iceberg. Afuera, en la calle de a deveras, los feminicidios y las desapariciones siguen como si nada. Familias enteras salen a buscar a sus hijas porque las fiscalías, con todo y reforma, parecen más ocupadas en otras cosas. Edith Guadalupe no fue la excepción: su cuerpo apareció solo porque los suyos hicieron el trabajo que les toca a las autoridades. Y mientras tanto, la inflación nos está dando en la madre en la cartera: el frijol, el huevo y la tortilla suben más rápido que los sueldos. Las familias aprietan el cinturón y los de Morena siguen presumiendo en redes sus carrazos, sus viajes y sus fiestas, como si el presupuesto público fuera su piñata personal.

La corrupción no se fue, nomás se puso más elegante. Sigue oliendo a cuerno quemado en las licitaciones, en los contratos y en los “amigos” que de repente viven como reyes. Y los mismos que venden la idea de que “es un honor estar con Obrador” ahora se quejan de que los critican por usar embajadas como Airbnb VIP.

Aquí viene la pregunta que nadie quiere hacerse en voz alta: ¿los ciudadanos les vamos a cobrar todo esto en las urnas del 2027? ¿O nos vamos a quedar en la casa, cruzados de brazos, para que esta clase política abusiva siga gozando del presupuesto como si fuera herencia de familia? Porque si seguimos votando con el “ni modo” o peor, dejando de votar, estos nonsanctos van a seguir con sus devotos y sus lujos mientras el pueblo aprieta los dientes.

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Ya estuvo bueno de hoteles diplomáticos y promesas que no bajan a la realidad. México merece algo más que selfies y justificaciones de papá preocupado. La bola está en nuestra cancha, carnal. A ver si la chutamos bien o seguimos pagando la cuenta.

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