Si el gobierno de Sheinbaum decide atrincherarse y no soltar al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, ante las graves acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos, prepárense para dos madrazos bien puestos al pueblo mexicano. Uno: olvídate de renovar el T-MEC en buenos términos. Dos: le regalas a Donald Trump el pretexto perfecto para apretar las tuercas con aranceles o algo peor. ¿Vale la pena jugarse el futuro de millones de familias por proteger a un político señalado de andar en la fiesta con “Los Chapitos”?
Las imputaciones no son un chisme de pasillo. Washington acusa formalmente a Rocha y a otros nueve funcionarios de Sinaloa de conspirar con el cártel para meter toneladas de droga a Estados Unidos a cambio de protección y lana. Rocha niega todo y lo llama ataque político contra la Cuarta Transformación. Sheinbaum, por su lado, se pone firme: exige “pruebas contundentes” y defiende la soberanía, mientras la Fiscalía revisa los papeles. Hasta ahí, suena razonable. Pero cuando el vecino del norte ya anda con el dedo en el gatillo de los aranceles, la cosa se pone delicada.
Trump no se anda con rodeos. Ha amenazado una y otra vez con impuestos altos a las exportaciones mexicanas si México no le ayuda más contra el fentanilo y los cárteles. En los últimos meses, México ha mandado decenas de narcos de alto perfil precisamente para calmar las aguas. Ahora, si se niega la extradición de un gobernador en funciones, el mensaje sería clarísimo: “aquí protegemos a los nuestros, aunque sea a costa del país”.
El costo no lo pagaría Rocha ni los de Morena. Lo pagarían los trabajadores de las maquiladoras, los agricultores que exportan, las familias que dependen del comercio con Estados Unidos. Un T-MEC tambaleante significa menos empleos, menos inversión y más inflación. Y Trump, que nunca deja pasar una oportunidad, usaría el caso como bandera para decir que México es un narcoestado y justificar medidas duras.
Defender la soberanía está bien, nadie quiere que gringos vengan a dar órdenes. Pero hay que ser honestos: cuando un gobernador es señalado de haber recibido apoyo del cártel para llegar al poder y luego protegerlo, taparlo no huele a dignidad nacional, huele a compadrazgo político. El pueblo no eligió a Sheinbaum para que hiciera de escudo a funcionarios cuestionados, sino para gobernar con responsabilidad.
Al final, la pregunta es cruda pero necesaria: ¿proteger a Rocha vale poner en riesgo el pan de la mesa de millones de mexicanos? La historia reciente muestra que ceder en extradiciones ha servido para ganar tiempo y oxígeno económico. Negarse ahora podría ser un lujo que el país no se puede permitir. Porque al rato, cuando suban los precios y cierren fábricas, ni la soberanía ni los discursos van a llenar el refrigerador.

























