Pues resulta que la senadora con licencia Julieta Ramírez Padilla, esa aspirante morenista a la gubernatura de Baja California que ya anda repartiendo promesas como pan caliente, se topó con un reportaje de N+ de Televisa que le cayó como balde de agua fría. Según la investigación, la legisladora estaría negociando un acuerdo de colaboración preliminar —eso que los gringos llaman proffer agreement— con autoridades judiciales de San Diego. En pocas palabras: ofrecer información a cambio de posibles beneficios, sin que lo dicho se use directamente en su contra.
Como es costumbre en la casa de los devotos, Julieta no se hizo del rogar para sacar el disco rayado de siempre: “¡Semana nueva, mitote nuevo! Guerra sucia cortesía del Canal de las Estrellas”. Exigió que presenten el documento “supuestamente firmado” y aseguró que no existe. Pero ojo, no lo desmintió de frente con pruebas contundentes; se limitó a la acusación de embate mediático mientras sigue en la carrera por la silla de Baja California.
Hay que recordar el contexto. Un colaborador cercano de la senadora, Rubén Sandoval, ya conoció las cárceles estadounidenses por un cargamento de casi una tonelada de marihuana. Ella misma enfrenta investigaciones en la entidad por presuntos actos anticipados de campaña. Y ahora aparece este expediente del otro lado de la frontera. ¿Casualidad? En política mexicana las coincidencias suelen oler a podrido.
El tema no es menor. Mientras los morenistas predican soberanía y antiimperialismo a diestra y siniestra, resulta que una de sus figuras estrella podría estar platicando con el Departamento de Justicia estadounidense para ver qué información “confiable” puede aportar. La propia Ariadna Montiel salió a respaldarla: “es una joven honesta”. Qué cómodo el escudo partidista cuando hay que tapar agujeros.
Al final, el reportaje de N+ no inventó el documento; lo citó. Julieta lo tacha de farsa, pero la duda ya está sembrada. En Baja California, donde la frontera es el patio de atrás, estas historias no se olvidan fácil. Si de verdad no hay nada, que lo demuestre de una vez. Porque de mitotes y guerras sucias ya estamos hasta el copete; lo que falta es claridad, no más show.
















