viernes, septiembre 18, 2026
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Devotos, elecciones y otros políticos non sanctos: Amílcar, silencio denegado

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Resulta que Amílcar Ólan, ese empresario tabasqueño que aparece una y otra vez en los reportajes como parte del círculo cercano de Andrés Manuel “Andy” López Beltrán, intentó algo muy de moda entre ciertos personajes públicos: meterle un juicio de amparo a los medios y a las plataformas digitales para que dejaran de hablar de él. Quería que Google, Facebook, YouTube, TikTok, X y varios periódicos y portales (Aristegui Noticias, El Universal, Latinus, El Economista y otros) fueran tratados como autoridades y, de un plumazo, se retirara toda la información que lo señala por presuntas irregularidades y contratos jugosos.

Los magistrados del Tribunal Colegiado de Materia Administrativa de Villahermosa le dijeron que no. El 14 de marzo de 2025 resolvieron que los medios y las plataformas no son autoridades para efectos de la Ley de Amparo. En otras palabras: no se vale usar el juicio de garantías para taparle la boca a quien investiga o critica. Y punto.

No es el primero ni será el último. Cada vez que un político o un empresario bien conectado enfrenta señalamientos serios —ya sea por contratos millonarios, por empresas ligadas a operaciones dudosas o por su cercanía con el poder—, en lugar de salir a aclarar con documentos, números y explicaciones claras, prefiere el camino del “que se borre todo”. Como si al silenciar las notas y los videos los hechos dejaran de existir. Como si la culpa se evaporara con un click judicial.

La lógica es casi conmovedora: “Si nadie lo lee, entonces no pasó”. Pero la realidad es más tozuda. Las investigaciones periodísticas, los registros públicos y las propias resoluciones judiciales siguen ahí. Y mientras más se insiste en acallar, más se alimenta la sospecha de que hay algo que no se quiere que se vea.

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Ólan no inventó el truco. Forma parte de una larga tradición de quienes, ante la incomodidad de las críticas, corren al juzgado en vez de al micrófono o a la rueda de prensa. El problema es que, cuando el amparo se niega, el efecto suele ser el contrario: más gente se entera de que alguien quería que nadie se enterara.

Al final, la justicia federal le recordó lo obvio: los medios no son autoridades y el derecho a informar y a ser informado no se suspende porque a alguien le moleste el contenido. Si hay algo que aclarar, se aclara. Si no, se aguanta. Así de simple y así de mexicano.

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