Un ascenso histórico en el Índice Global de Brecha de Género
El Foro Económico Mundial publicó la vigésima edición de su Índice Global de Brecha de Género, que desde 2006 documenta el avance —o el estancamiento— hacia la paridad en 148 economías. En esta entrega, México ocupa el lugar 18 a nivel mundial, con un 78.7% de su brecha cerrada, una mejora de 1.1 puntos porcentuales respecto al año anterior. El país ha reducido su brecha total en 14.1 puntos desde 2006, cuando partía de 64.6%, y por primera vez ingresa al top 20 global. De mantener el ritmo actual, México cerraría su brecha restante en 31 años, colocándose entre las diez economías que alcanzarían la paridad plena más pronto que el resto del mundo.
El dato posiciona a México como la tercera economía mejor calificada de América Latina y el Caribe, región que a su vez registra el avance más veloz del planeta desde que existe el índice, con una proyección regional de 60 años para la paridad total, frente a los 70 de Europa y los 102 de África subsahariana.
El contraste que exige lectura crítica: política sí, economía no
El informe revela, sin embargo, una asimetría que merece atención analítica antes que celebración. El componente donde México obtiene su mejor desempeño histórico es el de Empoderamiento Político: con un puntaje de 55.7%, ocupa el octavo lugar global y el primero de la región, tras avanzar 42.4 puntos porcentuales desde 2006. México ha alcanzado paridad plena en representación parlamentaria y 90.9% en cargos ministeriales, resultado directo de la reforma constitucional de paridad y de la consolidación de liderazgo femenino bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum, aunque la paridad en la jefatura de Estado —medida como acumulación histórica de años de gobierno— apenas alcanza 5.1%.
El subíndice de Participación y Oportunidad Económica cuenta una historia distinta. Con 61.8%, es el desempeño más débil de México en el índice y, de manera más reveladora, el peor de toda la región latinoamericana: el reporte identifica a México como la economía con la brecha económica más amplia de América Latina y el Caribe, 23 puntos porcentuales por debajo de Barbados, el mejor calificado. Aunque el subíndice mejoró 13.8 puntos desde 2006 y la representación de mujeres en puestos legislativos, altos funcionarios y gerentes casi se duplicó —de 33.3% a 64.8%—, la brecha salarial persiste como el punto ciego estructural: la paridad en ingreso laboral estimado se ubica en apenas 54.9%, y la percepción de igualdad salarial por trabajo similar en 51.3%, los dos indicadores más rezagados del país.
La pregunta que el dato obliga a plantear
Esta disociación entre avance político y estancamiento económico no es exclusiva de México, pero adquiere relevancia particular en un país donde la paridad legislativa se alcanzó por mandato constitucional, no por transformación orgánica del mercado laboral. La pregunta de fondo es si la paridad institucional —cuotas, listas alternadas, gabinetes equilibrados— puede sostenerse políticamente como logro de fondo cuando la estructura económica que sostiene la vida cotidiana de las mujeres mexicanas continúa reproduciendo brechas salariales significativas.
En Educación, México prácticamente cierra la brecha con 99.5%, y en Salud y Supervivencia comparte el primer lugar mundial con 98.0%. Es decir, el país exhibe una arquitectura casi perfecta en los indicadores de acceso y supervivencia, pero conserva una economía donde el ingreso y la valoración del trabajo femenino siguen determinados por criterios que la ley, por sí sola, no ha logrado modificar.
Paridad simbólica frente a paridad material
El riesgo analítico es doble. Por un lado, la fortaleza política de México en el índice puede utilizarse como narrativa de éxito gubernamental sin que ello implique una transformación económica correspondiente. Por otro, la persistencia de la brecha salarial y de ingreso sugiere que el mercado laboral mexicano opera con una inercia propia, resistente a las reformas normativas que sí han funcionado en el terreno legislativo y ministerial.
El Foro Económico Mundial documenta el progreso; corresponde a los actores políticos y económicos mexicanos determinar si ese progreso puede replicarse fuera de las cámaras legislativas y los gabinetes.
¿Puede la paridad política de México considerarse un logro consolidado mientras la brecha salarial entre mujeres y hombres permanece prácticamente intacta?
















