AMLO: una copia al carbón de Hugo Chávez

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Por: Aminadab Pérez Franco

No sabemos si el destino de México será consolidarse como una democracia o convertirse en otra Venezuela, en otra Cuba o en otra Corea del Norte, pero lo que está plenamente comprobado es que el presidente López Obrador sigue uno tras otro los pasos dados por Hugo Chávez para establecer la dictadura bolivariana en su país.

Hugo Chávez luchó por el poder desde el ejército y encabezó un golpe de Estado fallido en 1992. López Obrador luchó por el poder desde la jefatura de Gobierno del DF y en un intento golpista inventó el fraude de 2006 y se autoproclamó presidente legítimo de México.

A Hugo Chávez lo encarcelaron y luego el presidente demócrata cristiano Rafael Caldera lo indultó y le permitió fundar su movimiento político llamado la Quinta República. En México, a López Obrador lo desaforaron por desacato pero el presidente panista Vicente Fox reculó y ordenó a la PGR retirar las acusaciones en un tácito indulto que empoderó a López y a su movimiento político que al paso de los años bautizó como la Cuarta Transformación.

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Hugo Chávez recorrió todos los municipios de Venezuela entre 1995 y 1997 antes de ganar las elecciones de 1998. Andrés Manuel recorrió todos los municipios del país antes de ganar las elecciones de 2018.

Chávez ganó la elección presidencial de 1998 con el 56.2 por ciento de los votos y se hizo de la presidencia de la República y de la mayoría de las cámaras del Congreso de Venezuela. López Obrador ganó la elección presidencial de 2018 con el 53.19 por ciento de la votación ganando la presidencia y la mayoría en las dos cámaras del Congreso de la Unión.

El deporte favorito de Hugo Chávez era el béisbol y construyo muchas instalaciones para promoverlo. El deporte favorito de López Obrador es el béisbol y ha usado recursos públicos para comprar estadios y remodelar parques beisboleros.

Hugo Chávez inclinó al Poder Judicial de Venezuela sometiendo a los ministros y estableciendo una dictadura jurídica que lo ayudó a someter a la Asamblea Nacional depositaria del Poder Legislativo. López Obrador recién avaló la ampliación inconstitucional del periodo del presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar, presionó hace dos años la renuncia del ministro Eduardo Medina Mora y ha mantenido una actitud de amenaza y desprestigio contra los jueces y ministros, desde acusarlos de recibir altos sueldos hasta estar al servicio de empresas extranjeras cuando otorgan amparos para suspender las decisiones presidenciales inconstitucionales.

Lo que va de esta narración no resulta ser mera coincidencia sino que establece un preocupante paralelismo entre la destrucción de la democracia venezolana inspirada en el radicalismo socialista, populista y extremista de un dictador y el intento de transmutar a México en una nación donde la democracia sea sustituida por una dictadura autocrática, la libertad por la represión de una clase política militarizada y violenta, la justicia por la dádiva al pueblo sometido, la seguridad por la zozobra de estar a merced del narco y de las policías corruptas, el bienestar como un sueño cada vez más lejano, el futuro como una utopía imposible y la verdad como una definición mentirosa y populista a la medida de quienes creen a estas alturas haberse adueñado del poder por el resto de sus vidas.

Quizá piensen que la amenaza descrita en el párrafo anterior es exagerada, pero lo cierto es que los pasos dados por López Obrador han sido más veloces que los del Chavismo. La pandemia le vino como anillo al dedo en su propósito de pauperizar al pueblo, dejarlo más pobre y vulnerable y destruir a las empresas privadas abandonadas a su suerte. Si aún les queda duda, les comparto ahora la agenda pendiente del Chavismo, para que vayan anticipando lo que intentará López Obrador si el 6 de junio los mexicanos no elegimos una mayoría opositora en la Cámara de Diputados que actúe como contrapeso y detenga la destrucción de la democracia y la libertad.

Lo primero que hizo Chávez fue asegurarse un poder personal absoluto.

Un año después de su elección Chávez logró que su mayoría aprobara un proyecto de reforma a la Constitución Venezolana para ampliar su periodo de gobierno, además de reducir los poderes de la Asamblea Nacional y ampliar los del presidente, la cual fue ratificada mediante referéndum el 15 de diciembre de 1999. El año 2000 fue reelecto para un nuevo período de seis años. El 12 de abril de 2002 fue retirado del poder por un golpe de Estado pero reinstalado dos días más tarde gracias a la presión de muchos gobiernos, incluido el de Vicente Fox, cuando México formaba parte del Consejo de Seguridad de la ONU.

En 2004, la oposición venezolana impulsó la revocación del mandato de Hugo Chávez en un craso error que logró justo lo contrario: Chávez se impuso con un 59 por ciento de los votos y se fortaleció como nunca antes; poco después el mandatario sugirió que el gobierno de Estados Unidos quería asesinarlo y acusó al imperialismo de entrometerse en los asuntos internos de los países latinoamericanos.

A continuación, Chávez logró en 2005 aprobar una ley para censurar a los medios de comunicación estableciendo multas y cárcel contra quien difamara a los funcionarios del gobierno bolivariano; a fines del año logró que la oposición se retirara del proceso electoral del 4 de diciembre en otro craso error de los opositores, pues Chávez consiguió así para su partido los 167 escaños de la Asamblea Nacional; a pesar de que la abstención en el proceso fue mayor al 70 por ciento, Chávez tuvo todos los votos para reformar la Constitución Venezolana y reelegirse indefinidamente en el cargo.

A principios de 2007 la Asamblea Nacional íntegramente chavista abdicó sus funciones al darle al dictador el poder de gobernar por decreto durante 18 meses y al concluir le amplió el plazo por un término idéntico.

El 15 de agosto de 2007 Hugo Chávez presentó una iniciativa para establecer la reelección ilimitada de él mismo como presidente y de convertir al país en un Estado socialista, sin embargo, el 2 de diciembre la propuesta fue rechazada por el 50.7 por ciento de los venezolanos en un referéndum; Chávez no acató el resultado e insistió con su propuesta logrando el 15 de febrero de 2009 hacer un nuevo referéndum donde impuso finalmente su reelección ilimitada como presidente, aboliendo los periodos del Presidente de la República, los gobernadores estatales, alcaldes y diputados a la Asamblea Nacional. En esas condiciones, sólo la muerte lo sacaría del cargo.

Lo segundo que hizo fue destruir a la iniciativa privada venezolana y lograr que el Estado fuera prácticamente el único propietario en la economía nacional.

Tras su reelección como presidente en el año 2000, Hugo Chávez inició una política con confiscación y nacionalización de empresas privadas que lo enfrentó directamente con los empresarios y los trabajadores. Se promulgó la llamada Ley Habilitante, que le permitió al régimen iniciar una política de confiscación y redistribución de tierras.

A finales de 2002 e inicios de 2003 Chávez libró una huelga general convocada por la Federación de Cámaras Empresariales, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, el sindicato petrolero y los partidos de oposición, determinando como represalia el despido de 20 mil huelguistas de la empresa paraestatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). La empresa estatal se derrumbó porque despidieron a los técnicos expertos y los reemplazaron con burócratas improvisados que nada sabían sobre cómo producir o vender petróleo, arruinando la productividad y la competitividad de la empresa que en ese entonces hasta tenía gasolineras propias en los Estados Unidos.

El 8 de enero de 2007, al asumir su nuevo mandato, Chávez anunció que nacionalizaría todos los sectores e industrias privatizados en el pasado, iniciando con las compañías petroleras y de telecomunicaciones; el 1 de mayo, la empresa estatal petrolera PDVSA asumió el control operativo de todas las instalaciones privadas en manos de las compañías Exxon-Mobil y Conoco Phillips para la explotación de hidrocarburos en la Franja del Orinoco, acción denominada el “Golpe Petrolero” con la cual finalizó la participación no gubernamental y extranjera en el sector; el 27 de mayo del mismo año, salió del aire la empresa de Televisión Radio Caracas TV RCTV (que nunca había sido privatizada) al no renovarle la concesión correspondiente. El 19 de junio de 2008, Chávez nacionalizó la industria cementera venezolana, que incluyó activos propiedad de la multinacional mexicana CEMEX.

En tercer lugar, Chávez usó la política exterior como una estratagema para aumentar su control interno del país.

El 23 de abril de 2005 Chávez puso fin al programa de intercambio militar con los Estados Unidos vigente desde 1951 y en julio de 2006 anunció un acuerdo para comprarle a Rusia tres mil millones de dólares en armamento que incluía aviones caza y helicópteros, lo cual cimentó el apoyo del presidente Vladimir Putin al chavismo.

El 30 de abril de 2007 Chávez anunció que Venezuela dejaría de formar parte del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, un día antes de ocupar militarmente los campos petroleros de la Franja del Orinoco.

El 2 de marzo de 2008 Chávez ordenó la militarización de la frontera con Colombia como respuesta al avance del ejército colombiano en su lucha contra la narcoguerrilla de las FARC. El 11 de septiembre de 2008 Chávez expulsó al embajador de Estados Unidos en Caracas en solidaridad con Evo Morales en Bolivia.

El 14 de enero de 2009 Chávez rompió relaciones diplomáticas con Israel por lo que llamó la inaceptable situación contra los palestinos en la Franja de Gaza. El 21 de agosto de 2010 Chávez rompió las relaciones diplomáticas con Colombia tras la denuncia del presidente colombiano Álvaro Uribe que los líderes de la narcoguerrilla de las FARC se refugiaban en territorio venezolano.

El 17 de agosto de 2011 Chávez ordenó el retiro de las reservas de oro del país depositadas en Europa y los Estados Unidos. En noviembre de 2011 señaló que tenía pensado gobernar hasta el año 2031, para lograr una total profundización del socialismo.

La ideología política manejada por Hugo Chávez denominada la Revolución Bolivariana y posteriormente el socialismo del siglo XXI, conjuntó las teorías y posturas del radicalismo marxista tras la caída del Muro de Berlín, el populismo latinoamericano y el giro a la izquierda en América Latina articulado en el Foro de Sao Paulo, financiado por el chavismo durante el auge petrolero de la primera década del siglo cuando el precio del barril alcanzó más de cien dólares.

Hugo Chávez enfermó de cáncer en 2011 y fue atendido en Cuba donde fue operado en tres ocasiones, recibiendo además cuatro ciclos de quimioterapia y seis radioterapias entre 2011 y 2012, gobernando su país desde un hospital en la capital cubana en varios intervalos hasta su regreso definitivo a Caracas el 17 de febrero de 2013; en ese lapso, su salud se convirtió en un tema de Estado. Cuando regresó al país acusó a la oposición de golpista, por negar que hubiera derrotado al cáncer y por sugerir que el gobierno cubano era en realidad el que ejercía a larga distancia el mandato de Venezuela desde La Habana.

El legado del chavismo en nuestros días ha convertido a Venezuela en un país que vive la peor crisis social y económica de su historia, pues la revolución bolivariana la llevado a que el 98 por ciento de los venezolanos residentes en el país vivan una situación de pobreza extrema; a que 4.8 de los 31.5 millones de venezolanos se hayan exiliado por razones políticas, económicas o de salud; y a que se hayan destruido los medios de producción y las cadenas de valor, dilapidado la riqueza petrolera y extinguido la iniciativa privada local.

No sabemos lo que ocurrirá en México con López Obrador, pero es claro que al igual que Chávez si quiere asegurarse un poder personal absoluto; sí ha venido destruyendo a la iniciativa privada estableciendo una política hostil contra empresas nacionales y extranjeras a las que persigue y descalifica, y sí es muy proclive a usar la política exterior e interior como estratagema para elevar su popularidad. En la política y el poder nada es casual, todo hace lógica y las tragedias de la historia se repiten. ¿Vale la pena destruir un país para satisfacer los caprichos de un hombre o los dogmas de una ideología política?


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1 COMENTARIO

  1. Creo que en este país habemos muchas personas, y dicen que la unión hace la fuerza, así como lo empoderados, si nos unimos, podemos inclinar la balanza, no es posible que un grupo tan reducido de personajes pueda dominarnos y hacer q sucumbamos ante un gobierno no deseado, y llevarnos al fracaso como lo hemos visto en los gobiernos cubanos, venezolanos y de Bolivia, medidas drásticas a problemas drásticos, el primer camino votar por el opositor más fuerte, que todo México vote y apoye al más fuerte nada de desvíos, y si eso no funcionará, promover la división de México que el norte se separe del sur y eso desarma a un reyecito pretencioso y caprichoso que nos quiere ver en la ignominia, si el no nos quiere y nos proteje
    como una madre debe hacer con sus hijos prefiero ser huérfana! Gracias

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