En Baja California la política se parece cada vez más a una telenovela de las que ya nadie ve, pero con más veneno y menos producción. Jaime Bonilla, el exgobernador que todavía se cree el patrón de la casa, y Marina del Pilar Ávila, la actual mandataria que no le debe ni un taco, se están sacudiendo los trapitos al sol a puro audio filtrado. Y ojo: no es cualquier chisme de vecindario. Aquí se ventila un odio que ya ni se disimula.
Primero fueron las grabaciones donde la gobernadora aparece ofreciendo información de seguridad a supuestos intermediarios gringos a cambio de no se sabe qué favores con su visa. Luego Bonilla niega todo, dice que no habla con ella desde hace meses y que él no tiene para espiar a nadie. Marina del Pilar, por su parte, lo señala directo: que el propio Bonilla le armó la reunión trampa en diciembre del año pasado, en su oficina de Tijuana, y que de ahí salieron los audios. Como si fuera poco, en uno de los fragmentos más recientes se escucha una voz susurrando consejos… y más de uno jura que suena sospechosamente a “el padrino”.
El asunto no es solo el show personal. Estos dos vienen del mismo corral morenista-ptista y su guerra de lodo amenaza con salpicar la alianza oficialista de cara a las elecciones de 2027. Porque cuando los de casa se pelean a dentelladas, el electorado empieza a preguntarse si de verdad gobiernan o solo se dedican a acomodarse mutuamente el cuchillo.
Y aquí viene lo más sabroso, o lo más preocupante, según se mire: la próxima filtración —porque nadie duda que viene más— podría dejar de ser puro odio personal y empezar a oler a cosas más pesadas. Corrupción, posibles nexos con el crimen organizado… lo que sea que ande escondido debajo del tapete de esta disputa. Porque cuando dos políticos se odian tanto y tienen tanto historial, los audios dejan de ser arma de chantaje y se convierten en prueba de cargo.
Bonilla ya carga con procesos por corrupción de su época. Marina del Pilar ahora navega entre acusaciones de posible traición a la patria y montajes. Mientras tanto, el pueblo de Baja California sigue viendo cómo sus gobernantes se dedican más a grabarse y filtrarse que a resolver los problemas de siempre: seguridad, agua, empleo.
Así se hace política en estos tiempos: a puro micrófono oculto y rencor bien nutrido. Y mientras ellos se despedazan, el partido se debilita y los ciudadanos se preguntan cuándo les va a tocar un gobernante que no necesite audios para demostrar que está podrido el ambiente. Porque si la próxima filtración confirma lo que muchos ya sospechan, ya no va a ser solo una guerra interna: va a ser la evidencia de que el verdadero enemigo no es el de enfrente, sino el que está dentro.





















