Resulta que en este país de maravillas, donde el discurso oficial jura y perjura que “no hay impunidad” y que “no se protege a nadie”, los hechos se empeñan en contradecir el libreto con una carcajada sarcástica.
Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa y señalado por autoridades estadounidenses por presuntos nexos con el narco, aparece en un video circulando por redes donde se le ve desplazándose con un dispositivo que muchos identificaron como militar. La presidenta Claudia Sheinbaum y su Gabinete de Seguridad salieron de inmediato a desmentir: “es falso”, “no es él”, “es el secretario de Seguridad del estado”. Como sea, la imagen quedó: un funcionario con licencia, investigado y escondido, moviéndose con un aparato de seguridad que el ciudadano de a pie ni en sueños consigue. Si no lo protegen, entonces ¿quién anda con esa escolta tan bien armada?
Pero no se queda ahí el circo. Al senador Enrique Inzunza, también bajo la lupa de la UIF que le congeló las cuentas, el Senado le sigue pagando la dieta… con cheques. Dos cheques de más de 66 mil pesos cada uno, por Banorte y BBVA, para que el legislador no se quede sin su lana mientras el resto de los mortales, si le congelan la cuenta, se queda viendo el cielo. Privilegio de cuello blanco, ni más ni menos. Mientras el pueblo se las arregla con la quincena recortada o el bloqueo bancario, estos señores cobran como si nada. ¿Eso es “no proteger a nadie”?
Y para completar el trío, la información sobre el vicefiscal de Sinaloa, Dámaso Castro Zaavedra, también señalado, se mantiene bajo un velo de “procedimientos administrativos y penales” que la propia fiscalía local usa como escudo. Transparencia de mentiritas.
Mientras tanto, desde el gobierno federal y las filas de Morena se repite el mantra: no hay impunidad, no se protege a nadie. Qué coincidencia tan sospechosa que los señalados de siempre encuentren caminos alternos para seguir cobrando, moviéndose y manteniendo el secreto. Como decía el dicho popular: “para los amigos, todo; para los enemigos, la ley”. Solo que aquí los “amigos” parecen tener licencia indefinida.
Al final, el ciudadano de a pie se queda con la misma duda de siempre: si esto no es protección selectiva, entonces ¿qué carajos es?





















