La crisis de gobernabilidad en Sinaloa, personificada en la defenestración fáctica del gobernador Rubén Rocha Moya y el alcalde Juan de Dios Gámez, no representa un evento aislado, sino el punto de ruptura de una sedimentación de sentidos que el partido oficialista, Morena, ha intentado naturalizar como orden democrático. Desde una perspectiva de sociología política incisiva, lo que observamos es el fracaso de una «guerra de posiciones» gramsciana donde el sentido común —esa mezcla de sabiduría popular y dominación— ya no logra digerir la connivencia entre el poder público y las estructuras paraestatales.
La Fricción entre Discurso y Praxis
El análisis político contemporáneo define al Estado no como un bloque monolítico, sino como un campo de disputa inestable. En Sinaloa, la fricción se ha vuelto insoportable: mientras la narrativa presidencial de Claudia Sheinbaum exige «pruebas» a agentes externos, la realidad local impone una rendición de cuentas por vía de la deserción. La solicitud de licencia de los funcionarios, tras negaciones sistemáticas de culpabilidad, revela una contingencia radical. El discurso oficial ha perdido su capacidad de instituir un sentido compartido de seguridad y legalidad, dejando al «nosotros» (la ciudadanía) en un estado de desprotección frente a un «ellos» que ya no solo es el adversario político, sino el actor criminal enquistado en la burocracia.
El Quiebre de la Hegemonía Morenista
Morena enfrenta su mayor crisis identitaria. Siguiendo a Ernesto Laclau, una identidad política se construye delimitando un «afuera constitutivo». El problema del oficialismo es que el enemigo ha dejado de ser el «pasado neoliberal» para convertirse en la propia correlación de fuerzas interna. La falta de apoyo de los correligionarios a Rocha Moya indica que el bloque histórico del partido está fracturado. No hay solidaridad colectiva cuando el costo de mantener el consenso es la contaminación absoluta por procesos judiciales internacionales.
«El poder político no es un objeto que se posee, sino una relación de distribución desigual, siempre inestable y sujeta a tensiones».
Prospectiva del Desmoronamiento
La crisis en Culiacán es el síntoma de un sistema de partidos que ha privilegiado la gestión de lo existente sobre la transformación de las estructuras de poder. La previsión de nuevas acusaciones contra militantes con cargos de gobierno sugiere que la «corriente principal» del partido está bajo asedio, no por una oposición política robusta, sino por el peso de sus propias contradicciones sedimentadas. Lo que antes era «sentido común de época» —la paz narca o la mediación institucional— ha implosionado, dejando a Morena como un proyecto de gobernabilidad que, en el noroeste del país, se muestra agotado y vulnerable.





























