Se tiene que notar el cambio

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Hace no más de cinco años, todos nos congratulamos por los avances firmes de la llamada reforma política del entonces Distrito Federal. Comenzaba el supuesto cambio democrático que dotaría de más y mejores facultades a la capital del país con una Constitución propia, mayor autonomía, alcaldías con cabildos en vez de delegaciones y un Congreso que dejaría atrás la retrógrada figura de Asamblea Legislativa.

Se anticipaba que los mejores tiempos para la Ciudad de México estaban por venir. En 2018 se votaba una jefatura de Gobierno en plena facultad de ejercer su derecho sin tener que consultar con el presidente quien estaría al frente de la Policía y la Procuraduría locales; se elegía un Congreso con diputados y diputadas capaces de participar en las reformas Constitucionales. Pero, iniciado el tercer año de la primera legislatura, temo decirles que nada ha cambiado, incluso, hemos retrocedido.

Con todo y sus limitantes, las últimas legislaturas de la Asamblea Legislativa son recordadas por dar un paso al frente al marcar hitos legales que después serían replicados por otros estados, incluso por la Federación. Hoy, no hay ni una sola ley por la cual esta primera legislatura del Congreso de la Ciudad de  México vaya a ser recordada.

Seremos recordados por el desaseo parlamentario, por la sumisión ante el capricho de una jefa de Gobierno que ignora lo mismo que somete a un Congreso de por sí gris. Seremos recordados por haber dejado pasar este momento histórico sin un solo logro.

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Durante el primer año de legislatura, la Mesa Directiva y la Junta de Coordinación Política estuvieron en manos del PT y de Morena; el segundo año fueron PAN y Morena; para este último periodo será una dupla PAN y PRD. Algo distinto debemos esperar.

Se debe notar una conducción diferente, en la que se privilegien las comparecencias y la rendición de cuentas, en donde haya diálogo y debate. Es increíble pensar que en tiempos de la pandemia no haya habido ni una sola reunión abierta y relevante con el gobierno de la Ciudad de México: nunca se discutió el semáforo ni la aplicación de pruebas y mucho menos la reactivación económica.

Claudia Sheinbaum ve el Congreso como un cajero automático, al cual acude únicamente para retirar dinero y en el cual Morena siempre está firmando cheques en blanco. Hoy, esas mayorías que tanto criticó el partido en el gobierno, se han convertido en su modus operandi para aprobar transferencias millonarias para el uso discrecional del gobierno.

  • Confío en que este último año de legislatura será mejor en términos parlamentarios.

La primera prueba llega pronto con la definición del formato del Informe de Gobierno y su Glosa. Veremos de qué están hechos y si el Congreso será sometido a la voluntad de quien gobierna como una “regente” o se marca el límite entre poderes para convertir esta legislatura  en el contrapeso democrático que está llamado a ser.


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