Bicentenario: los adversarios superan el conflicto

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La lucha por la independencia de México pasó por diversas etapas, liderazgos y programas.

Comenzó en 1808 con las repercusiones que tuvo en la Nueva España la disolución de la monarquía hispánica, arrollada por Napoleón Bonaparte. Provocó la eclosión del autonomismo dentro de una sociedad consciente de su singularidad y agraviada por el absolutismo ilustrado borbónico.

El autonomismo se manifestó en el Ayuntamiento de la Ciudad de México el 15 de septiembre de aquel año. La feroz represión del grupo peninsular sofocó la iniciativa, pero el deseo de autodeterminación se propagó en las ciudades novohispanas del eje Bajío-Occidente.

Un núcleo que operaba Valladolid (hoy Morelia), planeaba erigir un Congreso Soberano; fue delatado y dispersado. Otro, en Querétaro, al que acudían guanajuatenses, encabezado por Allende, diseñó un plan para marchar sobre la capital del virreinato y establecer una Junta de Gobierno con representantes de las distintas provincias; al ser descubiertos decidieron iniciar la insurrección.

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El 15 de septiembre de 1810 se inició la etapa lidereada por Miguel Hidalgo. El Grito de Dolores detonó una rebelión popular contra la esclavitud, por la abolición de tributos a las castas, a favor del libre comercio y por la creación de un Congreso Nacional. El 21 de marzo de 1811, fue detenido junto a los principales insurgentes y después ejecutados. La revolución duró 6 meses.

En paralelo al frente del Bajío, José María Morelos enderezó otro en el sur por encomienda de Hidalgo. Organizó sus líneas sin contingentes masivos. Sostuvo cuatro años la operación más extensa y mejor estructurada de la insurgencia; a lo militar agregó doctrina política y programática: los Sentimientos de la Nación, el Congreso de Anáhuac, el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana. El periodo de Morelos culminó el 5 de noviembre de 1815 con su detención y posterior sacrificio.

Luego de Morelos el movimiento independentista declinó, se mantuvieron focos encabezados por caudillos locales pero sin articulación política. La expedición de Francisco Xavier Mina (abr-oct 1817), tampoco tuvo suerte militar.

En 1820 la causa independentista sobrevivía en sus reductos, pero sin capacidad para crear un nuevo orden político. Además, la economía del virreinato había colapsado y la miseria y el desánimo se habían extendido. La viuda del Conde de Regla, uno de Los Guadalupes —aristócratas que apoyaban a los insurgentes— escribió: “Aquí todo es desolación y muerte… esta guerra debe terminar con abrazos y no balazos”. (México, su tiempo de Nacer 1750-1821. G. Jiménez Codinach, 2000)

Fue Agustín de Iturbide, antiguo adversario de los insurgentes, quien aprovechando una coyuntura política propicia, se dio a la tarea de tejer un acuerdo entre todas las facciones para detener la destrucción y darle viabilidad al anhelo de independencia.

Con el Plan de las Tres Garantías integró en las filas del Ejército Trigarante a quienes antes eran enemigos. El simbolismo del llamado abrazo de Acatempan entre Vicente Guerrero —sucesor de Morelos— e Iturbide, demostró la potencia constructiva del diálogo y del acuerdo político. Así, el 27 de septiembre de 1821, se consumó la independencia nacional y nació el Estado mexicano soberano.

@lf_bravomena

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