El Partido Acción Nacional cumplió 87 años de existencia el 16 de septiembre, la fecha en que la asamblea constituyente reunida en 1939 en el Frontón México aprobó sus principios de doctrina. Ocho décadas y siete años después, el partido que rompió la hegemonía priista y llevó a Vicente Fox a la presidencia en 2000 con 15,989,636 votos —su techo histórico— llega al aniversario en la posición más frágil de su historia reciente, con una conducción nacional cuestionada desde dentro y fuera de sus filas.
Una caída que los números no disimulan
El contraste numérico resulta elocuente. De aquellos casi 16 millones de sufragios en 2000, el PAN descendió a 9,644,918 votos en la elección presidencial de 2024. La tendencia no se detuvo: en la elección legislativa de Coahuila celebrada en junio de 2026, el partido obtuvo apenas 2.1 por ciento de la votación, quedó relegado a un lugar marginal entre las fuerzas contendientes y no ganó un solo distrito. La consecuencia institucional fue severa —la disolución del Comité Directivo Estatal por no alcanzar el mínimo legal de tres por ciento—, y simbólica: por primera vez en más de cuatro décadas, el panismo coahuilense se quedó sin representación en el Congreso local. Se trata, además, de una entidad donde el PAN llegó a gobernar municipios clave y a disputar la gubernatura.
Alianzas: del rompimiento al reacomodo
Jorge Romero Herrera había anunciado meses atrás el fin de la política de coaliciones con el PRI, una decisión que —según reportes periodísticos— contribuyó directamente al desplome coahuilense, al competir en solitario después de años de coalición con el tricolor. La postura, sin embargo, no resistió la prueba de las urnas: la dirigencia nacional ahora explora acuerdos estatales con el PRI de cara a 2027. La contradicción no es menor: se abandonó una alianza que aún entregaba diputaciones para después buscar recomponerla desde una posición de debilidad negociadora.
Candidaturas ciudadanas, resultado militante
Otro eje de la estrategia panista tampoco cumplió su propósito declarado. Romero ofreció abrir las candidaturas a ciudadanos sin militancia, una apuesta para renovar cuadros y ensanchar la base electoral. En los hechos, el 75 por ciento de quienes se inscribieron a los procesos internos ya figuraban en el padrón de afiliados. En Sinaloa y Nuevo León, entidades que renovarán gubernatura en 2027, se registraron incluso militantes priistas, un dato que anticipa alianzas de facto antes de que la dirigencia las formalice.
Un espejo incómodo frente a Morena
La creación de «coordinadores de defensa de la patria, la familia y la libertad» —estructura territorial impulsada por Romero para el aniversario partidista— reproduce, en su lógica organizativa, el modelo de «coordinadores de la transformación» que Morena ha desplegado en el país. La coincidencia estructural entre un partido que se asume opositor y el método organizativo del oficialismo que combate plantea una pregunta de fondo sobre la originalidad de la oferta panista frente a un electorado que, en 2027, incluirá a jóvenes que votarán por primera vez y a abstencionistas que podrían inclinarse por una alternativa genuinamente distinta.
La gira que dividió al partido
El costo político de estas decisiones se acentuó cuando, el mismo día en que el Instituto Nacional Electoral celebraba la sesión de arranque formal del proceso electoral 2027, Romero Herrera se encontraba en una gira europea —Bruselas y Berlín— para alertar sobre lo que calificó como el «México real», en contraste con el discurso oficial. Integrantes de su propia Comisión Permanente calificaron el viaje, bajo condición de anonimato, como «inútil e inoportuno». Mientras tanto, dirigentes de Morena y del PRI aprovecharon la sesión del INE para posicionar a sus partidos rumbo a los comicios, dejando al PAN sin representación acreditada en un momento protocolario de alto valor simbólico. El episodio se suma a otro frente incómodo para el panismo: la detención, meses antes, de Ernesto Ruffo Appel —primer gobernador de oposición en la historia moderna del país y figura histórica del blanquiazul— por presuntos vínculos con contrabando de combustibles, un caso que, aunque Ruffo ya colaboraba en otro partido (Somos) al momento de su captura, reabrió heridas sobre la relación entre cuadros históricos panistas y la justicia federal.
¿Puede un partido que reproduce las fórmulas de su adversario, negocia alianzas que antes rechazó y pierde terreno electoral en cada urna aspirar a representar una alternativa real para 2027?



















