La popularidad

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Por: Juan Ignacio Zavala

El papá está muy contento con el hijo. Cada vez que el niño llegaba de la escuela mostraba innegables signos de felicidad. El niño siempre regresaba contento, platicaba de aquel compañero, de aquel otro, de lo que les dijo a las maestras, lo que hicieron en el recreo, lo que le dijo fulano, lo que le agradeció zutano. El papá sonreía con la mamá por la satisfacción de que el muchacho estaba más que contento en la escuela. Esto significaba que era inteligente, que le gustaba el conocimiento, que eligieron bien la escuela y, también, que le gustaba hacer amigos. Sin embargo, cuando llegaban las calificaciones el rojo era el color dominante. Algo no está bien, pensaron los padres. Al día siguiente les llegó la confirmación de su presentimiento: tenían una cita en la dirección del plantel escolar.

Casi de noche el padre vio al hijo observando a través de la ventana y sonreía con evidente satisfacción. Pensó que era un buen momento para conversar con él.

-¿Por qué tan pensativo, hijo? ¿En qué piensas?

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-En nada. Me estaba acordando de la escuela.


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