Jaque al rey

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Al populismo se le atragantan las reivindicaciones de las mujeres porque ellas no esperan que les sean concedidas por la gracia de un líder que, en su mitología del pueblo bueno y sabio, reivindica las costumbres y tradiciones como fuente de legitimidad, aunque éstas sean opresoras. En lugar de una masa homogénea que el preclaro gobernante interpreta y conduce, la sociedad es diversa, dinámica y contradictoria.

Pero es más fácil negar derechos a las minorías y desvirtuar sus razones, que ningunear a la mitad de la población. El Presidente cree que cualquier diferencia se arregla imponiendo su relato al de los inconformes. Está convencido de que con retórica puede darle la vuelta a cualquier cuestionamiento, convirtiendo a los críticos en conservadores inmorales que sólo ven por sus intereses inconfesables. Eso mismo ha intentado hacer con demandas de un proteico y plural movimiento feminista, pero sin éxito.

Del abandono de las Estancias Infantiles a la defensa de la candidatura de Félix Salgado Macedonio, pasando por el desprecio a las impresionantes movilizaciones del año pasado que la pandemia vino a interrumpir, lo que reluce es la incomprensión del Ejecutivo respecto a los agravios que sufren las mujeres y que hoy están a flor de piel porque en el siglo XXI resultan inadmisibles. No necesitan que ningún hombre se digne a reconocerles sus derechos y no tienen por qué convencer al gobernante que se haga justicia como si se tratara de una potestad masculina, pues no están reclamando ningún favor.

Andrés Manuel López Obrador se metió solo al callejón en el que está. El principio de autoridad resultó más importante para él que su conocido pragmatismo electoral. Prefiere aguantar el vendaval que admitir un error y rectificar. Considera debilidad cambiar por presión social y le preocupa el precedente de ceder ante la opinión pública.

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Si algo ha querido dejar en claro desde antes de asumir el cargo, es quién manda. Por eso no le tembló la mano para cancelar el aeropuerto en Texcoco, aunque los costos se sabían inmensos, tal y como lo acaba de demostrar la ASF. Y por lo mismo mantiene a Salgado Macedonio como abanderado de su partido a pesar del abrumador rechazo, el cual se manifiesta incluso dentro de sus propias filas.

La indolencia del mandatario es una ofensa a las víctimas. Sin duda que la presunción de inocencia es un principio garantista fundamental, pero también lo es que la impunidad prevalece en la violencia de género y que, por presión política, se archivó la investigación de una denuncia bien fundamentada contra el abanderado de Morena, según lo dio a conocer el propio fiscal del caso.

Hay seis testimonios verosímiles sobre abusos sexuales y patear el bote hasta que resuelva el sistema de justicia, que es parte del problema, sería permitir que llegue a gobernar un presunto violador con su respectivo fuero y que el abusador vuelva a salirse con la suya, como desgraciadamente es regla en México.

El Presidente pudo parapetarse tras la simulación de un partido que dice hacer encuestas que nadie conoce para elegir candidatos y deslindarse de su decisión. Pero quiso dejar en claro que tampoco está dispuesto a conceder un ápice en el ejercicio de sus facultades metaconstitucionales, mensaje que también dirige a sus correligionarios molestos por las designaciones. El dedo celestial no se equivoca ni cuando opta por lo más aberrante.

En la arrogante necedad que se rehúsa a corregir, hay un inocultable machismo. López Obrador considera que recular es satisfacer a la oposición y, en su visión maniquea y pendenciera, eso sería una derrota personal. Él debe ganar todas, para eso tiene el poder, así las consecuencias sean funestas.

Por eso sostiene a Hugo López-Gatell, a pesar del desastre sanitario frente a la pandemia, y a Félix Salgado Macedonio no obstante el elevado costo que está pagando. Su voluntad es irreductible e ilimitada, su palabra es la ley. Pero hoy está en jaque el rey por no entender que no entiende y su obstinación le está saliendo muy cara.

Las feministas llaman al Presidente a romper con El Pacto Patriarcal. Ojalá lo haga, pero para quitarle la candidatura a Salgado bastaría con algo más sencillo: un poco de decencia.


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