La vertiginosa caída del 44% en el promedio diario de homicidios dolosos en México, reportada entre septiembre de 2024 y febrero de 2026, desafía cualquier precedente de inercia estadística en la historia reciente del país. Mientras que procesos históricos previos de pacificación en la región han tomado décadas para alcanzar magnitudes similares, el escenario actual presenta una anomalía que oscila entre el éxito gubernamental y el escepticismo metodológico. No estamos ante una tendencia inercial, sino ante una ruptura que exige un análisis de fricción sobre las causas subyacentes.
La primera contradicción emerge al contrastar los modelos de series de tiempo (ARIMA y ETS) con la realidad observada. Las proyecciones académicas estimaban una reducción gradual y moderada; sin embargo, el dato oficial se desploma a una velocidad que excede los intervalos de confianza técnica. Esta «realidad lineal general» —en términos de Andrew Abbott— suele seducir a los analistas al presentar el dato como una representación transparente de la gestión pública, ignorando que la cifra es un constructo mediado por procesos de registro y dinámicas criminales opacas.
Una hipótesis disruptiva sugiere que la reducción no es síntoma de una paz estructural, sino de una «pax criminal» o hegemonía del crimen organizado. Bajo esta lógica, la violencia letal disminuye no por el fortalecimiento del Estado de derecho, sino porque un actor criminal ha logrado monopolizar el uso de la fuerza en territorios clave, eliminando la competencia que generaba el grueso de los asesinatos. En estos contextos, la gobernanza criminal sustituye a la estatal: el homicidio desaparece del registro, pero el control social, la extorsión y la desaparición de personas persisten o se intensifican.
Asimismo, es imperativo analizar el fenómeno de la «sustitución de modalidades de violencia». Existe el riesgo analítico de que la caída en los homicidios registrados sea, en realidad, un desplazamiento hacia la desaparición de personas. La lógica de los perpetradores es pragmática: al ocultar el cuerpo, se anula la evidencia forense que activa de oficio una carpeta de investigación por homicidio. Si la desaparición se convierte en la técnica predilecta de ocultamiento, el éxito estadístico del gobierno se transforma en un espejismo que encubre una violencia latente pero no contabilizada.
Por otro lado, la narrativa oficial atribuye estos resultados a la coordinación de inteligencia y la acción del Gabinete de Seguridad. No obstante, la ausencia de evaluaciones de impacto independientes que aíslen el efecto de la política pública frente a otras variables territoriales convierte esta afirmación en un salto inferencial sin soporte empírico sólido. La legitimidad del dato no debe ser motivo de celebración ciega ni de rechazo automático, sino el punto de partida para una auditoría social rigurosa sobre los mecanismos que están produciendo este descenso. Para la audiencia universitaria, el reto es trascender la polarización y exigir una rendición de cuentas basada en la evidencia, no en el triunfalismo de las cifras.
Nota elaborada con base en el documento:
Jasso, Carolina. (6 de abril, 2026). Menos homicidios, más preguntas: Hipótesis y
evidencia sobre la disminución de la violencia homicida en México. Programa de Seguridad
Ciudadana, Universidad Iberoamericana Ciudad de México.
https://seguridadviacivil.ibero.mx/menos_homicidios_mas_preguntas_psc/





























