¿Es la 4T la cuarta etapa del PRI?

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En mi artículo anterior examiné la posibilidad de que el presidente López Obrador capture al PRI. Hoy continúo el análisis a partir de la contrarreforma eléctrica de AMLO, a la que no aludí hace una semana. Más que prever las votaciones en el Congreso me interesa atisbar el derrotero ulterior del priismo. Me intriga el desenlace del peculiar partido-entero que nació en 1929 —sí, en 1929, no en 1946—, cuyo hilo conductor fue la concentración y la administración del poder y de la legitimidad que extrajeron de la Revolución. Ni la liquidación del Maximato borró a Calles de su historia ni la derechización de Alemán llevó a Cárdenas a la ruptura. Cambió el paradigma socioeconómico, pero no la esencia política: la continuidad del régimen anidó en el partido de Estado a la mexicana.

He escuchado alusiones a la congruencia como impedimento para apoyar la iniciativa de AMLO, pues fue el “priñanietismo” el que impulsó la reforma original. ¿Congruencia? Si una característica central del PRI ha sido su elasticidad ideológica, y si no hay repudio más rentable que el que se le profesa a Peña Nieto, no faltarán diputados y senadores priistas que proclamen su gustado “retorno a los orígenes”, se enfunden en la camiseta tricolor retro, bajen el balón que les centró AMLO y rematen de zurda. También he leído que no podrán contrariar su mandato, que se asume de rechazo a la 4T. Dudo que impere esa lógica. Lo poco que les queda de su voto duro puede conservarse más allá de esta coyuntura, y el electorado que aspiran a reconquistar está en otra parte.

He aquí el meollo del asunto: ¿dónde están sus electores potenciales? Se sabe que un mapeo electoral comparativo traslapa al PRI tradicional con Morena. El típico votante priista de ayer es, en buena medida, el morenista de hoy. Por eso, porque su objetivo es ganar elecciones, el priismo tiene que preguntarse si puede reinventarse y apelar a otra base social o, de no ser así, si puede quitarle votos a AMLO. Porque en caso de que la respuesta a ambas preguntas sea negativa la sentencia será ineludible: si no puedes vencerlo, únete a él. Por lo demás, ¿es capaz el PRI, en alianza con el PAN, de poner candidato presidencial? De lo contrario, ¿quién tiene más que ofrecerle, el panismo o AMLO?

Hay argumentos para que el PRI se quede en la oposición. Ahí están el peligro de diluir su identidad y el costo que los empresarios y EU podrían cargarle si aprueba la contrarreforma. También tiene la opción de apostar a que, al salir AMLO de la Presidencia, el morenismo se deshaga. Pero la decisión se tomará en varios grupos. Es probable que algunos priistas -los que aguanten el peso del águila que les caería encima- se aferren al registro y que los demás, quizá la mayoría, prefieran acercarse al rey sol pensando que es mejor orbitar que perderse en el espacio, vean en Morena la resurrección del partido-entero y hagan de la cuarta transformación la cuarta etapa del PNR/PRM/PRI. De hecho, lo único que puede pronosticarse con cierto grado de precisión es que ni toda la bancada priista votará igual ni todo lo que entraña el proyecto del Ejecutivo será aprobado. Y algo más: que ALMO habrá limado el eslabón más débil de la actual alianza opositora. Divide et impera.

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