Crimen, gobierno, narcotráfico, feminicidios y desaparecidos

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La inseguridad constituye uno de los grandes problemas de México. Se manifiesta en dos formas: la inseguridad en que vivimos, afectados por el aumento de los delitos y el auge del narcotráfico. En éste sexenio se incrementaron los actos antisociales, el abuso, la impunidad, los ajustes de cuentas, el actuar sin limites del crimen organizado, la ineptitud y la corrupción por parte del estado mexicano. Causas hay muchas, visualicemos algunas de ellas.

La ausencia total de legitimidad y la carencia moral manifiesta del fiscal general de la República, otrora hombre fuerte de López Obrador y hoy por hoy, cómplice incomodo que pelea, litiga y ajusta cuentas contra otros aliados del presidente, agrega factores al debilitamiento institucional del país, al quebrantamiento del estado de derecho y a la perdida de gobernabilidad.

La relación del presidente López Obrador con el Poder Judicial está basada en la amenaza, el chantaje, la presión y los ataques populistas con declaraciones que buscan doblegar, alinear e influir en las decisiones de jueces, magistrados e incluso ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, a quienes intenta dominar, someter y alinear a intereses personales y de grupo, más no del interés superior de la sociedad.

Múltiples políticos y funcionarios públicos del partido gobernante, Morena, tanto en el gobierno federal como en los de estados y municipios, así como Diputados, Senadores y dirigencias partidistas, replican en su ámbito y a sus posibilidades las “lecciones de AMLO”, fomentando y disfrutando la complicidad, la impunidad, el financiamiento de campañas y la negociación desde lo local con el hampa t y bajo la sombra del  “abrazos no balazos”. Ya no hay respeto a la ley, al cargo, a la investidura ni al deber ser.

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El rechazo y la distancia contra los periodistas, a quienes por lección desde Palacio Nacional se les debe humillar, minimizar, desalentar, contradecir y confrontar, ha puesto en riesgo el ejercicio de la actividad periodística. La relación densa y prohibida de políticos y malhechores no debe ser revelada y dada a conocer a la ciudadanía, a pesar de que pruebas no tienen, pero dudas tampoco. La opinión pública liga, asocia y vincula a esos dos mundos, que en más de un caso conviven en una misma persona o transitan entre grupos afines, cercanos, que retroalimentan y coexisten en acuerdo, pensamiento, palabra, pacto y omisión.

Hoy más que nunca, el dinero sucio se mueve y se acomoda. Nuevos ricos, muchos de ellos, políticos. En éste sexenio con sus excepciones, los ganadores morenos viven radicalmente mejor que en 2018. Ahora tienen sueldos altos que no soñaron tener pero su nivel de gasto los excede por mucho. Los beneficiarios de este gobierno fallido se visualizan en los bienes inmuebles, numerosos, caros, adquiridos de tal forma que solamente la discrecionalidad del SAT y la politización de la Unidad de Inteligencia Financiera les permite vivir sin ser investigados. Parece imposible que no detecte a los cuatroteros enriquecidos, espléndidos y expandidos de manera súbita y sorprendente.

AMLO no puede detener su propio caos. La sangre escurre, la verdad sale a la luz. México sufre y duele. Es tierra de nadie porque no sabe, no quiere, NO PUEDE y ya no lo dejan sus viejos aliados que hoy disfrutan como nunca antes. México es un peligro, no sólo el presidente. Trasladarse, trabajar, vivir y convivir lleva grandes riesgos pues el crimen anda suelto. México es violento, es inseguro, es un cementerio. Ojalá no desaparecieran las personas, sino los gobernantes corruptos, entregados, rendidos, vendidos y vencidos.


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