El panorama económico de México enfrenta una señal de alerta. Al cierre de marzo de 2026, el número de patrones afiliados al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) registró un total de 1,020,270 registros, lo que representa una disminución del 0.2% en comparación con el mes anterior. Esta caída mensual se traduce en la pérdida de 1,726 registros patronales en tan solo treinta días.
Lo más preocupante para los analistas de la política económica no es solo el dato mensual, sino la tendencia. Desde el año 2024, la serie de registros ante el Seguro Social ha mostrado una trayectoria a la baja de manera constante. Si se compara con marzo de 2025, la reducción anual a nivel nacional es del 2.7%, una cifra que refleja un entorno complejo para el sostenimiento de las unidades económicas en el país.
A nivel regional, el impacto ha sido generalizado. Durante el último año, absolutamente todas las entidades de la República Mexicana registraron variaciones negativas en su número de patrones afiliados. Los estados más castigados por este fenómeno fueron Sinaloa, con una caída del 5.7%; Guerrero, que retrocedió un 5.2%; y Tamaulipas, con un descenso del 5.1%.
A pesar de que estados como la Ciudad de México siguen liderando el registro con 122,676 patrones, seguidos por Jalisco con 103,363 y el Estado de México con 76,956, la inercia negativa no ha perdonado a los motores económicos del país. Incluso polos industriales como Nuevo León y Guanajuato presentan cifras menores a las de años previos, con 76,183 y 47,256 patrones respectivamente.
Si bien la perspectiva histórica de largo plazo muestra un crecimiento —pasando de poco más de 693 mil patrones en 1997 a los más de un millón actuales—, los datos de los últimos dos años empañan este avance. Tras haber alcanzado un pico de más de 1.07 millones en marzo de 2024, la cifra ha ido retrocediendo mes con mes hasta los niveles actuales.
Este retroceso en el número de empleadores plantea interrogantes sobre la salud del ecosistema empresarial y la efectividad de las políticas de fomento económico. La política mexicana enfrenta ahora el reto de revertir una curva que, lejos de estabilizarse, sigue apuntando hacia abajo, comprometiendo la generación de empleos formales y la recaudación de seguridad social a nivel nacional.






























