Sin embargo ¿se mueven?

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Esta semana el gobierno peñista empezó a moverse de manera sorpresiva. Después de un par de meses de parálisis, parece que han tomado decisiones. Paradójicamente, el gobierno cuyo lema es Mover a México, decidió mantenerse estático ante una crisis institucional gigantesca. Al principio era entendible. Motivados por su propio éxito, instalados en la soberbia de la infalibilidad, creyentes fervientes  de que antes de ellos todo era caos e inutilidad y prestos a escuchar todo tipo de adulaciones adentro y fuera del país, decidieron ser adorados.

Curioso que quienes se vendieron como experimentados conocedores de la política olvidaran el destino de los adulados: la inevitable caída. Así, hasta septiembre del año pasado todo era eficacia y felicidad. Al extremo de que ellos mismos se sentían modernos, cuando en el fondo eran una réplica de los gobiernos corruptos, caciquiles y despóticos que abundaron en el priato del siglo XX y que continúan en algunos estados de la República.

Como todos sabemos, la desgracia cayó encima, a ellos y a nosotros. A ellos, porque perdieron la brújula en todo el ámbito de gobierno. A nosotros porque las tragedias de Iguala y Tlatlaya se aunaron a la situación económica que no ve salida y al descubrimiento de escándalos de corrupción que parecen ser práctica corriente en ese círculo. Acto seguido vino la defensa de la corrupción que rayó entre el descaro y la estupidez. Resulta increíble que la única persona que dio la cara con valor civil fue la esposa del mandatario. Pero hasta en esconderse tras ella se equivocaron.

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Se propagaron los rumores de los cambios inminentes, la imagen de un gobierno entrampado y temeroso que era capaz de abrir los cuarteles del Ejército a rufianes encapuchados. Finalmente, la semana pasada el gobierno dio señales de vida. Anunció que no permitiría la toma de casetas, y lo impidió; anunció la verdad jurídica respecto a uno de los casos más traumáticos de los últimos años y con eso avanzó un par de pasos delante de los vividores de la tragedia y anunció un recorte presupuestal que, esperemos, cumplan a cabalidad. Son señales de vida, gestos de autoridad y de encontrar el control de sí mismos. Ojalá así sea porque  a nadie conviene el pasmo en que vivían.


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