Elecciones y Temas

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Las campañas políticas pondrán sobre la mesa una agenda de temas sobre los problemas más importantes por los que atraviesa el país. Para nadie es desconocido de cuales se trata, son recurrentes al estar presente la inseguridad, la corrupción, la impunidad y la deteriorada economía.

Estos ejercicios electorales deben ser para efectuar un análisis y una reflexión, que nos permita realizar un alto en el camino para ponderar los problemas, las dificultades y las alternativas de solución, sin embargo, en la práctica no constituyen necesariamente mecanismos de debate y deliberación, sino verdaderas batallas de denostaciones, acusaciones, descalificación y cooptación clientelar de electores.

Estos procesos han evidenciado una clase política populista, que pretenden obtener la victoria a toda costa, pues si bien existe una ciudadanía inconforme, deseosa de un profundo cambio, también se encuentra un segmento importante de personas adaptables, resignadas y en buena medida sometidas por sus precarias condiciones, que son presa fácil de las tentaciones clientelares.

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No obstante lo anterior, hoy como nunca se presentan coyunturas específicas que producen un generalizado descontento, que seguramente se ahondara conforme vayan transcurriendo las campañas, pues los niveles alcanzados por los problemas de inseguridad, los abusos, las injusticias, el desamparo, la corrupción y la impunidad, han dejado como nunca, una estela de irritación ciudadana enorme.

Además la economía, estrechamente vinculada con una regresiva reforma fiscal, cierran la pinza para dar al traste con el desarrollo. La percepción es la de un gobierno con resultados sumamente negativos.

En consecuencia se prevé como ineludible obligación y además como estrategia en las contiendas, el abordar los rubros descritos, en tanto que aquejan al país, constituyendo problemas sensibles y centrales.

El meollo del asunto no consiste únicamente en realizar un diagnóstico sobre ellos, aunque en las arengas mitineras se explayen con singular alegría las denostaciones a los adversarios no por su irresponsable culpa, sino en establecer fórmulas de solución y comprometer una garantizada voluntad para construirlas, pues la gente quiere ver acciones más que escuchar discursos.

La disyuntiva se presenta en la oferta de los candidatos y partidos políticos frente a lo que espera la ciudadanía, un electorado que desconfía, incrédulo y deseoso de ver cambios.

Por lo tanto el camino es cambiar, un cambio para bien, ya no más de lo mismo, si se quiere ganar la confianza.


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