¡Ser valientes!

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Por: Margarita Zavala

La libertad no es el único valor al que hay que aspirar. Sin embargo, es aquél que nos permite luchar por nuestros derechos y, en consecuencia, nos abre el campo para defender otros valores que queremos proteger y que nos sean respetados. De ahí que la libertad de expresión sea una de las primeras libertades que el poder público debe proteger a través del respeto al Derecho. En Democracia la libertad es el valor fundamental.

He sido testigo y, también, protagonista de esa lucha por el respeto a la libertad de expresión. He pertenecido a instituciones creadas en y por la libertad, particularmente durante la Transición Democrática que el gobierno intenta borrar como ha querido borrar, una y otra vez, la historia de México y las instituciones creadas por nuestro pueblo. Muchos de quienes ahora pertenecen a la cúpula del poder se manifestaron antes en contra de la libertad en México. Estaban del otro lado, es decir, del lado “negacionista” de la libertad. Quizás por eso podamos entender que, aun cuando nos sigue sorprendiendo, persistan en un discurso de odio que, además, vulnera la libertad de expresión.

El poder público en México es el que más amenaza a la libertad, en un abuso claro del poder sin límites que se ha perpetrado al margen de la ley. Quieren impedir que los medios hagan evidente que hoy hay una catástrofe educativa y de salud que ya no puede ser soslayada; que en el ambiente gubernamental hay una clara descomposición generada por la corrupción en muchos sectores y en personas por lo que se demuestra que eran falsas las intenciones de limpiar las cosas; que económicamente no sólo no hemos crecido sino que la falta de inversión y de seguridad jurídica nos plantea un panorama sombrío en ese campo; que la violación a los derechos humanos es mucho mayor que antes, que, como nunca, han muerto periodistas, ciudadanos y mujeres. Y el gobierno no tiene otra manera de enfrentar esta crisis que atacando a los periodistas, a las personas y a las organizaciones que exponen estos errores y males o que se atreven a disentir.

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Bendita la Libertad que nos permite conocer la verdad. Por y gracias a la libertad de expresión nos hemos enterado de la persecución a los científicos y a la ciencia; por la libertad supimos del dramático episodio que aún no termina del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y su lucha por la educación pública, que no oficial; por la libertad de expresión nos hemos enterado de la corrupción, de los conflictos de interés en las carísimas adjudicaciones directas, de la violencia, etc.

La verdad en México seguirá sus caminos aunque la obsesión de quien ostenta todo el poder quiera imponérsele. Lo mismo hará la libertad. Somos muchas las personas que amamos a México y que no queremos que ninguna generación y mucho menos la de nuestros hijos sufra en un país sin libertades.

Lo primero que pido es que quienes acompañan al presidente hagan conciencia del nivel de odio que están desarrollando y que no les permite siquiera ver con mediana objetividad lo que está sucediendo. Los senadores no tienen por qué cederle la patria a un solo hombre, aunque lo quieran mucho, le deban su puesto o hayan decidido venderle su alma. Aunque formen parte de su actual gabinete, deberían actuar en conciencia y decirle al presidente lo que alguien le tiene qué decir. Hace unos días comenté en la Cámara de Diputados que, desde la oposición, defenderíamos la libertad, incluyendo la libertad de aquéllos que forman parte de Morena, de quienes obedecen sin reflexión, y los habremos de defender frente a los ataques hasta de su propio partido porque entre ellos se espían, se persiguen, intrigan en palacio.

Pero la verdadera esperanza está en el lado de las víctimas de este poder autoritario. En todos nosotros, en los hombres y mujeres que amamos a la patria y que estamos luchando desesperados por un México que, sin complejos, crezca y sea el que puede llegar a ser pero que no ha sido por la pobreza agudizada por el engaño y la manipulación; por las injusticias que vemos todos los días y los linchamientos que se hacen a diario.

La esperanza ¡qué paradoja! está en los perseguidos: en la oposición y no me refiero sólo a los partidos.

Constantemente recuerdo un relato de Rob Riemen narrado en su libro “Nobleza de Espíritu”.

Leone Ginzburg, miembro de la resistencia antifascista, fue entregado por los fascistas italianos a los Nazis. Desde el penal de Roma escribe una carta a su esposa Natalia (por cierto, también tiene tres hijos) y termina con las palabras “Sé Valiente”. Es una alusión a la valentía socrática: el coraje del sabio, de distinguir siempre entre el bien y el mal y el mantenerse fiel a la búsqueda de la verdad.

¡Sé Valiente! Carlos, María Amparo, Víctor, y millones de nombres más, … sé valiente tú también _____(aquí va tu nombre).

 


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