Se han puesto de moda

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Sergio Fajardo, matemático de formación, arribó a la política colombiana casi sin proponérselo. Harto de lo que ocurría en la política de su país, se integra a un movimiento eminentemente ciudadano. En el trayecto se ve involucrando más y más, hasta que de plano decide hacerlo frontalmente. Determinó que el estado de cosas no iba a cambiar por arte de magia, ni con tan solo buenos deseos, ni despotricando entre cuatro paredes, sino activamente. Acabó siendo Alcalde de Medellín de 2004 a 2007, y transformó a la ciudad de arriba a abajo. Luego será Gobernador de Antioquía. Llegó por la vía de los independientes.

Otro paisano suyo, descendiente de inmigrantes lituanos, con varios grados académicos, Antanas Mockus, también nació a la vida política con carácter de independiente. Dos veces ha sido Alcalde de Bogotá. Las administraciones de estos dos colombianos de excepción, se distinguieron porque en ellas hubo transparencia y eficiencia en el manejo de los recursos públicos, y responsabilidad compartida entre gobierno y ciudadanía, y lograron conjugar espléndidos equipos de trabajo, gente comprometida que compartían con toda claridad el mismo objetivo: GENERAR EL BIEN COMÚN.

Adecentaron la política, privilegiaron las características que toda persona debe tener en su hacer cotidiano, como son la honestidad y la confiabilidad, entre otras. Estas virtudes son propias de la mayoría de las personas. Lo dijo Fajardo en una conferencia que impartió en el ITESM allá por 2009, que “hay más personas buenas que malas”. En lo particular estoy convencida de eso, si no a este mundo ya se lo hubiera chupado la bruja. La honestidad con la que gobernaron uno y otro provocó que la personas empezaran a confiar en sus gobernantes. Hechos son amores.

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Yo voté en la Cámara de Diputados a favor de las candidaturas independientes porque creo que pueden traerle al País beneficios, empezando porque le provoquen a la población el deseo de participar en los ASUNTOS DE SU COMUNIDAD, porque esa disposición no forma parte de la cultura de los mexicanos. Aquí abundan los mirones de palo, pero no los protagonistas de su propia historia, muy diligentes para criticar, pero pasivos hasta la médula para actuar. No bajan de rateros y sinvergüenzas a los políticos, les mientan madres, sapos y culebras, pero van y votan por los mismos, o no votan…

La democracia, para que fructifique, como decía ese mexicano fuera de serie que fue el Maquío, hay que hacerla como el amor: “todos los días”. Pero aquí nos da pereza. No me cabe duda también que pueden ser acicate para que los partidos políticos reaccionemos y nos volvamos más competitivos, y también para que hagamos limpieza general A FONDO, y nos deshagamos de pillos y vividores, porque son quienes desacreditan la política, y ésta, generoso leyente, no es sinónimo de raterías y suciedad, sino un instrumento invaluable que permite a quienes ejercen el poder público, construir sociedades exitosas, con personas que viven con toda la dignidad que les corresponde nomás por ser eso: PERSONAS.

No perdamos de vista que la circunstancia de la independencia no los hace moralmente superiores a quienes militamos en un partido político. La democracia funciona con la existencia de controles institucionales, no por la pureza espiritual de los individuos. Tampoco crea historias de conversos de la noche a la mañana; esos, como decía mi madre, ni vueltos a amasar, aunque se disfracen de paladines impolutos de la justicia. Postularse como independiente va a ser usado por personas que no quieren hacer carrera partidista o que, habiéndola hecho, sus partidos no los apoyaron.

No echemos las campanas a vuelo. Este año hubo tres candidatos independientes ganadores, vamos a ver su desempeño. Uno de ellos ya nos dejó claro que vedette, sí es, y consumado. Al baile vamos.


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