Al elefante en la sala ya no se le puede ignorar, tiene toda la luz encima.
Lo que está por verse es que se haga algo al respecto, más allá de la simulación de rigor con retórica rimbombante.
¿Qué medidas se van a tomar para evitar que el crimen organizado vuelva a definir resultados electorales?
Cabe aclarar que una cosa es que el tema esté en el centro de la discusión pública y otra que sea asumido por todos como un problema.
El oficialismo no lo ignora, el escándalo se lo impide, pero niega su real existencia, dimensión y gravedad con la pueril excusa de que no hay pruebas cuando ha sido notoria la creciente participación del crimen en los comicios y es inocultable, como consecuencia, su extendido control territorial, lo cual explica el acelerado incremento de extorsiones y cobro de piso en el país, incluyendo a Ciudad de México.
Saben que admitirlo significaría poner en duda la legitimidad de no pocos de sus gobernantes y legisladores en funciones, así como aceptar oscuros vínculos criminales por parte de liderazgos prominentes del “movimiento”.
El costo político y electoral podría ser devastador y no saben cuántos ni quiénes más seguirían.
Por eso se rehúsan a detener y extraditar al gobernador Rocha Moya, al senador Inzunza y a otros ocho funcionarios de Morena; instinto de sobrevivencia.
No se puede resolver lo que no se acepta como problema y el próximo año hay elecciones que renovarán la Cámara de Diputados, casi todas las legislaturas locales, 17 gubernaturas, más de mil ayuntamientos y, si no lo posponen, jueces y magistrados que quedaron pendientes de ser elegidos –es un decir que se guarda el acordeón.
Los cárteles no van a querer perder la influencia política, ni los cargos, ni el control de las policías, ni el acceso a presupuestos públicos que hoy gozan derivado de su participación electoral a favor de distintos partidos, fundamentalmente de la coalición oficialista.
Si no se hace nada al respecto, cabe esperar que organizaciones criminales reeditarán lo que hicieron en 2021 y 2024: asesinatos y amenazas a candidatos para que renuncien, intervención armada de casillas,robo de urnas, adulteración de actas y paquetes, amedrentamiento de votantes y operadores opositores, así como el financiamiento ilegal de sus favoritos.
No van a renunciar por las buenas al poder que ya ejercen, al contrario, querrán incrementarlo.
Plantear el rompimiento no es sencillo porque el crimen ha penetrado a los tres niveles de gobierno y, en algunos lugares, incluso han conformado bases sociales que reciben despensas, juguetes, regalos, entretenimiento, dinero y que, cuando son requeridas, las movilizan y utilizan como escudo.
A ese grado se han extendido y empoderado los criminales; es el saldo de los abrazos a cambio de apoyo electoral.
La presidenta Sheinbaum podría aprovechar las órdenes de aprehensión con fines de extradición de políticos coludidos para tomar el toro por los cuernos y plantearse, con apoyo internacional y mecanismos de justicia transicional, la depuración del Estado mexicano para que éste recupere la soberanía perdida en donde mandan las organizaciones criminales.
Pero está optando por mantener el status quo y dejar intactas las redes decomplicidad que heredó de su antecesor, a pesar de las enormes consecuencias que eso puede acarrearle al país. Es expresión de la lealtad exaltada por López Obrador, la cual se entiende como devoción hacia su personay obediencia acrítica e incondicional; el gobierno no tiene mayor prioridad que cubrirle las espaldas.
Solo que las circunstancias cambiaron y ya no se puede mirar hacia otro lado.
Si no se actúa, habrá condiciones para la tormenta perfecta.
La inconformidad social crece con la economía estancada, la inflación incontenida, la inseguridad al acecho, el desempleo formal al alza y la corrupción rampante.
Las elecciones deben canalizar ese descontento por vías institucionales, pero la participación del crimen en comicios inequitativos que son organizados, arbitrados y calificados por autoridades sin credibilidad, imparcialidad ni autonomía, pueden derivar en innumerables conflictos.
Morena nos ha enseñado que siempre se puede estar peor.



























