Principios o intereses en la política exterior: ¿importa?

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Estimado lector, el tema que elegí para la columna de hoy es uno de esos que parecen poco relevantes frente al resto de los que conforman la agenda pública como la mala calidad del aire en la Ciudad de México y el Doble Hoy No Circula; la extradición de El Chapo; la no aprobación de las leyes del SNA o las campañas en 13 estados. En general, los asuntos de política exterior captan poco la atención del gran público, a pesar de que muchos de ellos, tienen un impacto real en nuestra vida cotidiana.

Los compromisos que México asume en la ONU, por ejemplo, se materializan en leyes, reglamentos y políticas públicas que pueden transformar nuestras instituciones y la misma sociedad. Los acuerdos comerciales activan nuestra economía, generan empleos y amplían la gama de productos a los que podemos tener acceso a precios competitivos.

Si recibimos cooperación internacional se fortalecen nuestras capacidades y amplían nuestras oportunidades y como donantes ayudamos también a que otros países superen sus desafíos. Qué causas abanderamos en la comunidad internacional y a qué nos oponemos; con qué países comerciamos; a quién ayudamos; y con qué países buscamos generar o fortalecer alianzas son decisiones de política exterior que merecen un espacio en la agenda pública, tener más visibilidad, ser más conocidas y mejor analizadas por los ciudadanos.

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Estas decisiones de política exterior instrumentadas por el Ejecutivo federal deben regirse bajo los llamados principios de política exterior establecidos por nuestra Constitución. Principios que por parte de los entendidos y hacedores de la política exterior de México tuvieron por años una interpretación unívoca lo que generó cierta rigidez y lentitud en ésta. Una interpretación dominante del principio de no intervención por ejemplo, hizo que México se abstuviera de participar en las Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU quedando frente a la comunidad internacional como un evasor de responsabilidades. Paradójicamente, también hubo interpretaciones diferenciadas de un mismo principio: mientras que en las épocas de Franco y Pinochet se les criticó duramente, e incluso con el primero se rompieron relaciones, años después, opinar sobre violaciones a derechos humanos en otros países, se consideró inaceptable.

Ante un mundo cambiante y globalizado, con enormes y complejos desafíos en el que nuestro país busca tener cada vez mayor influencia, una discusión formal sobre los principios y el lugar de los intereses de México en su política exterior resultaba inaplazable por lo que quienes asistimos al seminario México Global: intereses y principios de política exterior organizado por la Secretaría de Relaciones Exteriores, la UNAM y el CIDE, nos congratulamos por su celebración. La gran conclusión del seminario es que los principios no son inmutables, ni están sujetos a una sola interpretación, mucho menos deben ser una camisa de fuerza que limiten la acción del país.

Asimismo, los principios son compatibles con los intereses legítimos que como cualquier otra nación, México tiene. Es momento pues, de asumir sin pena ni temor dichos intereses sobre los que cada vez más actores fuera del gobierno federal –empresas, académicos, activistas, legisladores, gobiernos locales-, tienen algo que decir, y a partir de los cuales se diseñan los objetivos y se procuran los medios de la política exterior.

Muchas cosas más habrá que decir sobre este tema, pero lo relevante es haber abierto la discusión sobre un asunto que, insisto, aunque pueda parecer intrascendente, en absoluto lo es.


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