Oídos sordos

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Estas elecciones no sólo son las mayores de la historia de México, son también las que desde ahora exhiben la determinación de las mujeres para participar decisivamente. Las protestas contra determinados candidatos, más allá de la legitimidad frente abusos y delitos, muestran que las mujeres mexicanas se han apoderado de la vida pública. No es sólo algo encomiable, sino determinante para nuestra vida pública. Desde hace tiempo, las mexicanas han luchado por hacerse con espacios visibles en la política. El camino ha sido difícil y arduo, pero han transitado con seguridad y convicción. Han salvado obstáculos y dificultades. En estos momentos, a causa de reivindicaciones legítimas, han conseguido además que su voz se oiga de manera atronadora. Quizás sean las primeras elecciones en que la mujer por fin juegue un papel protagónico. Por eso es necesario oírlas, acompañarlas y facilitarles su ambición. No es únicamente un derecho, sino una obligación que las mujeres se hagan cargo del destino del país. México también está entrando en una madurez democrática con la activa participación de las mujeres. Las quejas y protestas aportan no sólo el señalamiento a presuntos delincuentes, sino la toma de calle y algaradas por causas honorables.

El asalto a inmuebles, pintadas, grafitis, la violencia callejera es comprensible en el actual contexto. Si bien la violencia es casi siempre censurable, la indiferencia del gobierno federal excita más el clima de protesta y reivindicación. Parecen inseparables de la actitud de un gobierno que prefiere hacerse de la vista gorda. No es que el gobierno se muestre impasible ante las protestas, es que no entiende que las mujeres reclaman además ese espacio protagónico que les pertenece por derecho propio. No oírlas es no entender el momento que vive en México. No escucharlas es afirmar la misoginia elevada a actuación política. Escuchar a las mujeres no es una concesión, sino un deber de las autoridades; no es un favor, sino el reconocimiento a una lucha en que están implicadas desde hace décadas. Indigna la actuación del gobierno federal, incapaz de tender las manos, imposibilitado para comprender las legítimas reivindicaciones, paralizado ante unas demandas recogidas en nuestra constitución. No reclaman nada que no les corresponda por derecho porpio. El Ejecutivo federal debería atender las protestas incluso si no entiende nada, incluso si no oye nada. Hacer oídos sordos es una vejación más que ya no cabe en nuestra sociedad. Sólo hay una explicación ante esta actitud, el miedo que el gabinete siente hacia las mujeres. No importa que haya una mayoría de mujeres en el gabinete, están plegadas a las decisiones del Presidente de la República.

Las mujeres del gabinete son mujeres, pero no defienden las causas de las mujeres. No son mujeres solidarias. El ejemplo reivindicativo de los grupos femeninos exhibe una distancia insalvable con las mujeres del gabinete. Aquellos sirven a la sociedad, estas a sí mismas. Parece que no basta con ser mujer para luchar por los derechos de las mujeres. Hay además que querer luchar y entender las demandas. Las mujeres no están solas, en todo caso este gobierno las ha dejado solas. Un obstáculo más en un recorrido empedrado de inconvenientes. También salvarán esta situación. También este gobierno pasará a la historia como aquel que trató de impedir que las mujeres ejercieran sus derechos.


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