Morena, en su pleito sin fin

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Por: Juan Ignacio Zavala

Una de las constantes que tendremos este año será la del pleito, el zafarrancho que será lo que alguna vez se pensó fuera un partido político, un movimiento cívico: Morena. En efecto, este invento de López Obrador y algunos de sus secuaces se ha convertido en un gigantesco antro en el que predomina la bronca, el escupitajo, el navajazo, la cadena y el descontón. Desde lo más alto de la estructura hasta la base militante, la lógica es la de, si no gano, arrebato o descalifico a quien se alzó con el triunfo. Por supuesto, las estrategias ganadoras en ese movimiento tienen más que ver con el dedazo, el reparto de prebendas y efectivo que con lo que puede ser la presentación de ciertas propuestas para crecimiento de la preferencia electoral o de bienestar y desarrollo para la localidad.

¿Es esta situación exclusividad de Morena? De ninguna manera, pero como ahí se concentra el poder, es lo que más vemos, lo que destaca en los medios. En el PAN hemos visto los problemas, por ejemplo, en Aguascalientes para nombrar a quien resultó candidata por ese partido. En realidad, tenían solamente ese gran problema y hubo quien dudó que pudieran solucionarlo, pero lo hicieron. En el PRI tendrán sus broncas, pero un partido a la baja tiene que administrar la manera de caer antes de hacerle caso a los triunfalismos individuales. Movimiento Ciudadano aspira al crecimiento en votación –cosa que logrará en algunos lugares– y al pleito en los partidos grandes para cachar algún descontento, una fórmula de éxito en estas épocas. Y el PRD… ¿qué es el PRD?

Los pleitos en Morena también son una clara muestra de cómo está conformado ese instituto político: es una olla gigantesca de resentimientos, traiciones y arribismos verdaderamente alarmantes. Todo eso necesitó López Obrador para ganar y ahora, pasada la victoria, todos exigen su cacho de gloria. Se sabe: la derrota es huérfana y el triunfo tiene padres por todos lados. Así pues, que ahora los panistas conversos, los priistas renegados y hasta los empresarios advenedizos, exigen su candidatura o de menos su espacio de poder. No hay para tantos. Además, el dirigente del partido no parece haber sido dotado del talento para sacar adelante una formación con tan singulares características; el pobre tipo no termina de recibir insultos y acusaciones de sus propios militantes todos los días.

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En Morena cunde el desencanto. Va desde el canciller Marcelo Ebrard, que solamente ve cómo se favorece a Claudia Sheinbaum, mientras él se reúne con sus amigos del Partido Verde; pasa por Ricardo Monreal, principal senador de Morena, que lleva meses marginado del trato presidencial, y llega a personas de reciente ingreso en la vida política como la cantante oaxaqueña Susana Harp, que compitió para ser la candidata a gobernadora de Oaxaca y fue excluida a la mala. Harp denuncia que fue “usada”, “engañada” y que la contienda interna fue “un teatro de simulación”. O sea, normal.

Los estados que tienen elecciones este año serán los primeros después de la primera mitad de gobierno. Todo parece indicar que el Presidente llegará al cuarto año de gobierno con su partido más que dividido.

 


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