viernes, mayo 15, 2026
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El ocaso de la trayectoria partidista frente a la tiranía de las encuestas

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Muchos aspirantes a una carrera política inician su trayectoria en las filas de su partido. Mediante cursos, apoyo en campañas y participación en procesos internos, buscan méritos para alcanzar una candidatura. Sin embargo, el paradigma ha cambiado radicalmente.

Al consolidarse las encuestas como el método principal para definir postulaciones, la militancia pierde relevancia. El trabajo de base —incluso el de los sectores juveniles— ya no es un factor determinante. En Morena, diversas voces han protestado por la postulación de personajes que, amparados únicamente en un sondeo, obtienen candidaturas pese a su nula trayectoria interna. Estos perfiles, a menudo provenientes de otras fuerzas políticas, son elegidos solo por la popularidad necesaria para ser los abanderados del Movimiento.

El fenómeno también alcanza al PAN. Militantes de Acción Nacional advierten sobre el riesgo de entregar candidaturas a perfiles externos. Al ser la encuesta el factor decisivo, el esfuerzo institucional deja de ser garantía de una postulación.

Esta situación genera dos efectos inmediatos. Primero, ser militante ya no asegura una posición, a menos que se abandonen las bases para enfocar los esfuerzos hacia el exterior y construir un reconocimiento masivo entre la ciudadanía. Segundo, el incentivo para afiliarse a un partido con fines electorales se desploma; para muchos, es más eficaz competir como «externo» con una base de popularidad previa que forjar una carrera interna.

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Resulta contradictorio que, mientras Morena presume un padrón de 12 millones de afiliados, esta condición no proteja el derecho de sus cuadros a ser postulados, como denuncian las protestas internas. La militancia se ha devaluado.

Otra implicación es el fomento del transfuguismo. Si el objetivo es una candidatura, resulta más sencillo posicionarse en una comunidad de forma independiente para ganar una encuesta y luego «cambiar de bando». Morena ha visto cómo exmilitantes de otros partidos desplazan a sus fundadores, conformando una clase gobernante y legislativa de orígenes diversos, lo que compromete la congruencia del proyecto político original.

Finalmente, si se consideran las fallas técnicas, la opacidad y el riesgo de manipulación de las encuestas, las candidaturas se transforman en trampolines para los más conocidos, mas no para los mejores perfiles que un partido debería formar conforme a su ideología y plataforma electoral.