Más oportunidades

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En México, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, 49 millones 471 mil 980 mujeres son madres, esto es más de 40% de la población total de nuestro país. De esos casi 50 millones, sólo 13 millones 853 mil mujeres son madres de familia con un trabajo formal, esto es 73% del total de mujeres que se encuentran dentro de la población económicamente activa (18 millones de mujeres trabajadoras).

Sólo 28% de las madres de familia en México han conseguido ingresar al mercado laboral de nuestro país, más de la mitad de estas mujeres ganan menos de dos salarios mínimos al día. Estas cifras demuestran no sólo el poco espacio con el que cuentan las madres para desarrollarse y mantener a sus familias, sino la discriminación que ellas mismas reportan cuando tratan de conseguir un trabajo.

Ocho de cada diez madres de familia han reportado sentir discriminación laboral por el hecho de tener hijos, ya sea en términos de acceso al mercado, promociones, permisos o vacaciones, casi 40 millones de madres de familia presentan dificultades para conseguir un empleo.

Estas cifras nos hacen reflexionar sobre lo que hace falta dentro del país para garantizar mayores oportunidades no sólo a las madres de familia sino a las mujeres en general, desde jóvenes universitarias que buscan un primer empleo, hasta mujeres con experiencia que ven truncado su crecimiento ante una pirámide laboral dominada, principalmente, por hombres.

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Para ello es necesario crear programas que permitan que mujeres y hombres se capaciten en igualdad de condiciones, políticas que den facilidades a las madres de familia para continuar con su educación y preparación. Y es que a nivel nacional, siete de cada diez mujeres que se embarazan truncan su educación, lo que les impide conseguir mejores empleos o ser competitivas en el mercado.

El trabajo pendiente es bastante, pero se puede comenzar por discutir un incremento de escuelas con el sistema educativo de tiempo completo o guarderías con mayor capacidad y mejores condiciones para que las mujeres trabajadoras puedan ampliar sus horarios con la confianza de que sus hijos están siendo bien educados.

Para conseguir que la presencia de las madres en el mercado laboral genere un mayor impacto, también se podrían generar talleres de capacitación periódicas con la finalidad de subir de puesto o mejorar su ingreso, una especie de evaluación que permita que trabajadores, hombres y mujeres, den muestra del valor de su trabajo mediante su capacidad y experiencia.

El basarse en argumentos de equidad de género al momento de evaluar el acceso al mercado laboral puede sesgar los objetivos de una política de generación de empleo, uno de los temas torales que demuestran las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación es la falta de preparación y acceso de madres de familia al mercado laboral. Así, la solución se basa en encontrar las condiciones ideales para balancear las responsabilidades de los dos trabajos en los que incurre una mujer al ser cabeza de una familia. El encontrar caminos que permitan su crecimiento no sólo mejoraría la calidad de vida de su familia, sino las cifras de empleo del país. El problema no es lograr que de los 48 millones de mexicanos que cuentan con un trabajo formal en México, la mitad se destinen para hombres y la mitad para mujeres, sino que se creen más oportunidades de empleo para todos, se aumente esa cifra y se cubra la demanda de trabajo mediante políticas que también incrementen su oferta.


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